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El poder de una metáfora: el crimen como “virus” o como “bestia”

Lunes, 6 de junio de 2011

La manera en que hablamos de ideas complejas y abstractas está envuelta en metáforas. En cinco experimentos investigamos cómo esas metáforas influyen en la la manera de razonar sobre asuntos complejos y de buscar información sobre ellos. Encontramos que incluso la más sutil evocación de una metáfora (en una sola palabra) puede tener una poderosa influencia en cómo la gente trata de resolver problemas sociales como el crimen, y cómo busca información para tomar decisiones “bien informadas”. Resulta muy interesante descubrir que la influencia del efecto de enmarcado de la metáfora es encubierta: la gente no reconoce la influencia de las metáforas en sus decisiones; en su lugar, la gente apunta a información más “sustantiva” (a menudo numérica) como el motivador de su decisión. Las metáforas en el lenguaje parecen evocar estructuras de conocimiento consistentes en sus marcos, e invitan a hacer inferencias que son estructuralmente consistentes. Lejos de ser meras florituras retóricas, las metáforas tienen profundas influencias en cómo conceptualizamos y actuamos con respecto a importantes asuntos sociales. Vemos que incluso la exposición a una sola metáfora puede producir diferencias sustanciales en la opinión sobre cómo resolver problemas sociales: diferencias que son más grandes, por ejemplo, que las diferencias preexistentes en la opinión que tienen demócratas y republicanos.

Este es el resumen de un interesantísimo artículo académico de dos profesores de psicología de Stanford, que demuestran la fuerza que tiene una metáfora (y el marco expresado con ella) en la opinión de la gente: si planteas que el delito es un “virus” que “infecta” a una sociedad, entonces los ciudadanos optan por políticas más progresistas: educación, prevención, reinserción… Pero si presentas el delito como un bestia a la que hay que enfrentarse, entonces la gente opta por políticas más conservadoras: mano dura contra los delincuentes, penas más duras, más policía…

El alma de un progresista, diez veces más barata que la de un conservador

Jueves, 29 de julio de 2010

Supongamos que mi amiga Carmen Pérez es muy progresista - y es mucho suponer, porque no tengo ni idea. Supongamos que mi padre es superconservador – y en este caso suponer es acertar.

Supongamos que alguien les pregunta por cuánto dinero escribirían en un papel: “Por la presente vendo mi alma a cualquiera que encuentre este papel tras mi muerte”. Carmen lo haría por poco dinero, mi padre exigiría mucho.

Eso es precisamente lo que ha estudiado Jonathan Haidt en un estudio interesantísimo que demuestra que los conservadores exigen una cifra mucho mayor que los progresistas, más de diez veces superior,  por romper tabúes relativos a la “santidad y la pureza” del cuerpo y el alma.

Para ello, preguntaron a una muestra de gente de todo el mundo por cuánto dinero venderían su alma, se dejarían transfundir sangre de un convicto por abuso de menores u orinarían en público como parte de una representación, además de otras maldades.  (Tú puedes responder al estudio aquí, busca en el listado “What would you do for a million dollars?”)

El resultado es que los conservadores (con independencia de su religión) eran mucho más exigentes. Haidt explica así, que progresistas y conservadores tienen distinta configuración de sus fundamentos morales.

El ecualizador moral para entender las actitudes políticas

Sábado, 24 de julio de 2010

Interesantísima metáfora de Jonathan Haidt para explicar las diferencias entre conservadores y progresistas. El “ecualizador moral”. Dice Haidt que nacemos con una especie de ecualizador moral con cinco bandas:

1. Daño/Cuidado: regula la preocupación por el sufrimiento del otro, incluyendo las virtudes de la protección y la compasión.

2. Justicia/Reciprocidad: regula nuestro rechazo por el trato injusto, la desigualdad y algunas visiones más abstractas de la Justicia.

3. Pertenencia/Lealtad: regula nuestro sentimiento hacia la pertenencia a un grupo, en asuntos como la lealtad, el sacrificio propio y la vigilancia contra la traición.

4. Autoridad/Respeto: modula nuestra visión del orden social y las obligaciones hacia las relaciones jerárquicas: obediencia, respeto y cumplimiento del propio rol.

5. Pureza/Santidad: modula nuestra sensación de contagio físico y espiritual, incluyendo actitudes hacia la castidad, el control de los propios deseos y la naturaleza de las cosas.

A partir de ahí, unos tienen más subidas las dos primeras bandas (los progresistas) y otros (los conservadores), las tres últimas. Hay toda una teoría (la Teoría de los Fundamentos Morales) detrás, y, además, una superencuesta voluntaria en la que se demuestran las diferencias. Tú misma o tú mismo puedes (en inglés), autoadministrártela para ver si eres más o menos progresista o conservador, y cómo anda tu ecualizador en comparación con el de la mayoría.

Encuesta aquí, en www.yourmorals.org

En el mismo sitio puedes encontrar documentos sobre la cuestión.

((Mando un abrazo a Carlos Aragonés y Gabriel Elorriaga, destacados hombres del PP, que me han acogido amabilísimos en un curso en la Rey Juan Carlos, en Aranjuez, el pasado jueves: buena gente, sí señor)).