Entradas con la etiqueta ‘Framing’

Maneras de clasificar a las naciones

Viernes, 8 de Enero de 2010

The Economist acaba de publicar un inútil pero divertido artículo sobre las etiquetas con que clasificamos a los países. Me ha parecido tan curioso que me he tomado el tiempo de traducirlo para que lo leas mejor. El original está en este link. Y aquí abajo te dejo la traducción.

Demos las gracias a la prestigiosa revista por no haber incluido a España esta vez entre los “cerdos” (PIGs) de Europa, aunque me temo que ha sido simplemente un olvido.

Por cierto, la revista incluye en el mismo número un artículo sobre España y su relación con la Unión Europea (sin mucho interés), y otro sobre Cataluña. En este último la revista prevé una victoria de CiU en las elecciones autónomicas de este año, y un quid pro quo entre CiU y el PSOE para pactar en Cataluña y en España. Me da que mucho no afinan, pero veremos…

Colección de alias

 ¿Recuerda la Región del Levant? ¿O los Antiguos Dominios? ¿O el Lejano Oriente? Si los recuerda, no se altere. Las etiquetas son formas fáciles de clasificar a las naciones por historia o geografía. Pero las que no sean escogidas con cuidado o las caducas pueden ser ofensivas o confusas.

            Algunas apestan a colonialismo (“Africa Negra”) o a persistente imperialismo (“el cercano exterior”, que es el término que utilizan los rusos para describir el antiguo imperio soviético). La creciente diversidad hace de “Europa del Este” una manera inútil de hablar de los países ex comunistas. La descripción de Donald Rumsfeld de la antiamericana “Vieja Europa” y la proamericana “Nueva Europa” era muy vívida pero también fuera de lugar: el atlantismo y la oposición a él están presentes a los dos lados del antiguo Telón de Acero.

            El “Lejano Oriente”, que es como se solía llamar a Asia Oriental, está de hecho muy lejos de Europa, pero bastante cerca de la gente que vive allí. “Oriente Próximo” se utiliza todavía en la jerga diplomática americana, y “Oriente Medio” es un término cotidiano, quizá porque a la gente le gusta estar en el centro. El “mundo Musulmán” y el “mundo Arabe” se utilizan a veces como sinónimos. Pero no todos los árabes son musulmanes, y la mayoría de los musulmanes no son árabes: Indonesia es la mayor nación musulmana del mundo; los más de nueve millones de musulmanes de Rusia superan en número a los de Líbano y Libia juntos.

            La “Commonwealth Blanca” incluía Australia, Nueva Zelanda y Canadá. Pero sus habitantes originarios no eran blancos y sus poblaciones son crecientemente de colores diversos. Los anglohablantes de India superan en número a la suma de los de Australia, Canadá y Nueva Zelanda, a los que se censura que se describa como la “Commonwealth de habla inglesa”. América “Latina” es otra invención colonial, que es despreciada por Brasil, el poder regional actual.

            Todavía tiene menos sentido hablar del “sur” para describir los países pobres del planeta (¿qué pasa entonces con Australia o con Singapur?), o de “Occidente” como sinónimo de la industrialización o de la libertad política. ¿Qué tiene Japón de “occidental”?. El “Tercer Mundo” se remonta a la Guerra Fría , cuando el planeta tenía por un lado el “primer” mundo capitalista y el “segundo” mundo comunista. El reemplazo más reciente, “economías emergentes”, ya parece caduco, pues algunos antiguos miembros, como Argentina, se hunden. Además, el término agrupa fabricantes industriales (como Vietnam) y economías de servicios (Dubai) con otros bendecidos – o condenados – con sus recursos naturales (Nigeria, Arabia Saudita, Rusia). Tampoco tienen mucho en común los países del “mundo rico”: Canadá y Kuwait, con similares niveles de riqueza, no podrían ser más distintos.

            Sin embargo, las viejas etiquetas tienen sus usos, y las nuevas no parecen funcionar mucho mejor. “Chimérica”, para describir el duopolio de poder, se mostró tan ilusoria como la criatura que la inspiró; ¿y qué demonios quieren decir los banqueros cuando hablan del “N11”? Pero otras han funcionado mejor. La “Angloesfera” y los BRICs han cuajado; el “Eje del Mal” de George Bush tuvo una pegada eficaz. El G20 (las grandes economías) frente al G77 (las economías pobres pero con empuje) han probado su eficacia en las negociaciones financieras, aunque la última decayó cuando se hablaba de clima. Todas esas Gs son útiles, pero un poco aburridas. Nos gusta más el reino animal. Los “tigres” de la economía eran tan reconocibles en los 80 como en estos tiempos de apuros lo son Portugal, Italia y Grecia, los vulnerables PIGs (cerdos) de Europa. Ya es hora de añadir a la colección a los osos perezosos y las mofetas.

Narrar el mal

Sábado, 28 de Noviembre de 2009

Así, Narrar el mal (Gedisa), se titula el libro de María Pía Lara, de México, una excelente reflexión (filosófica y muy profunda, pero excelente), sobre la importancia de los relatos de la barbarie como creadores de sentido para una sociedad. Llevo sólo un tercio del libro, pero te dejo aquí dos citas. Si encuentro más, te iré diciendo.

María nos cuenta que tuvieron que pasar 20 años para que los asesinatos masivos de judíos se conocieran de forma general, y nos relata cómo sucedió:

Primero los historiadores comenzaron el proceso de captación de los episodios concretos en narrativas, las posibles razones para que dicha tragedia se produjera y las particularidades concretas de la política asesina de Hitler. Una vez que las historias de los supervivientes y de los testigos comenzaron a hacerse públicas, aparecieron otros temas para su debate. Durante la década de 1950, la gente comenzó a entender que los judíos europeos habían sido víctimas de un genocidio. El término develatorio utilizado fue “el Holocausto”, aunque Raul Hilberg no lo usó en su trabajo histórico La destrucción de los judíos europeos, publicado en 1961. El proceso comenzó por definir una forma para denominar a esa catástrofe y con ello aprehender lo que permitía considerarla como un evento singular. El New York Times utilizó ese término primero alrededor de 1959. Para entonces mucha gente ya había escapado de Europa y sus historias y pérdidas familiares habían comenzado a circular en público (…). Se tuvo que esperar algo más de veinte años para que los asesinatos masivos perpetrados contra los judíos fueran ampliamente conocidos. Este proceso se originó por la forma en que las historias acerca de gente concreta comenzó a producir sus efectos en la conciencia pública (…). La miniserie de televisión que en 1978 dramatizó el Holocausto (llamada precisamente  así) fue el momento decisivo para el despertar colectivo oprque se centró en la historia concreta (ficticia) de la familia Weiss. Las atrocidades nazis fueron gráficamente representadas en esta serie rodada para la televisión y el proceso de su recepción indicó que algo había cambiado en la percepción de la gente acerca de la importancia de este evento histórico. El impacto en la audiencia demostró que el público estaba listo para concentrar toda su atención en dicho tema. Las estadísticas mostraron que esta percepción era adecuada, y a que la serie fue vista por 220 millones de espectadores, contando con que al menos 15 millones de ellos eran alemanes (de la entonces República Federal de Alemania).

En otro pasaje del libro, María Pía Lara nos habla de la búsqueda de una palabra “develatoria”, que corre el velo de una verdad social, como ella afirma: la palabra “genocidio”:

Considérese, por ejemplo, la forma en que Raphael Lemkin acuñó el concepto de genocidio. Lemkin ya había escrito Axis Rule in Occupied Europe. Como la respuesta a este libro fue crítica, Lemkin comprendió que debía encontrar una nueva palabra para describir la tragedia que supuso el asesinato de millones de judíos durante el régimen nazi. Antes había utilizado la palabra barbarie para describirlo, pero vio que había muchos otros eventos qeu se podían describir con esa misma denominación y que con esto no podía añadir una nueva dimensión moral a la comprensión de este hecho. (…). Lemkin se dio cuenta de que necesitaba una palabra que no se pudiera utilizar en otros contextos y buscó conscientemente un concepto develatorio que pudiera servir como estímulo reflexivo y conducir hasta la idea de que, al oírlo, debíamos conectar dichas acciones con una reacción de condena que fuera provocada, casi de forma inmediata, al oír que se citaba el episodio histórico en cuestión.

Casi cien años sin hablarse por una palabra

Jueves, 24 de Septiembre de 2009

El pasado 31 de agosto, Turquía y Armenia acordaron reestablacer sus vínculos diplomáticos por primera vez desde la Primera Guerra Mundial. Entre sus disputas, la más relevante es que Estambul no aceptaba definir como “genocidio” la muerte de más millón y medio de armenios a manos de los turcos otomanos. Los turcos prefieren llamarlo “deportación en masa”.

Luntz nos regala los trucos de los conservadores en el debate de la salud pública en EEUU

Lunes, 7 de Septiembre de 2009

Hay un gurú de las palabras que destaca entre todos los demás y que se llama Frank Luntz. Es el autor de Words that Work y comentarista neocon habitual en los medios de Estados Unidos.

En un memo sorprendentemente accesible en la web, que puedes encontrar aquí, titulado The Languaje of Healthcare 2009, Luntz nos explica qué palabras tienen que utilizar los conservadores para ganar a Obama y cuáles deben evitar. Echa un vistazo, que no tiene desperdicio. El memorando viene a explicar por qué se están diciendo las cosas que se dicen sobre la reforma Obama.