Con qué cuidado el Papa ha escenificado su “pesar” por los abusos de sacerdotes a menores, respondiendo a las protestas masivas que ha encontrado en su visita al Reino Unido.
Primero: los casos más sonados y más publicitados han sido sobre niños varones hoy adultos. Pero el Para ha recibido a cuatro mujeres y sólo un hombre. La pedofilia no tiene pase para un cura, pero pedofilia homosexual debe ser demasiado. Mejor un pecado que dos.
Segundo: los selecciona la National Catholic Safeguarding Commission, una organización católica. Ratzinger reza con los cinco seleccionados. Asunto concluido: ellos rezan juntos y ante Dios se supone que perdonan.
Tercero: se encuentra con ellos en la residencia del embajador vaticano en Londres. No en la Nunciatura ni en una sacristía. El asunto es así como más privado.
Cuarto: 30 o 40 minutos, sin imágenes, con un escueto comunicado y sin que los recibidos estén autorizados a hablar. Punto.
Quinto: el Papa sigue así manteniendo su historia, ya contada en encuentros similares en Estados Unidos, Malta y Australia.
La puesta en escena no evita que el Vaticano esté siendo sometido a la peor crisis de la era de la televisión, sin ninguna duda.


