1. A pesar de lo que se dice, no es verdad que la política esté cada vez más personalizada. Las investigaciones al respecto son contradictorias.
2. En sistemas presidenciales como el estadounidense y los latinoamericanos, la confrontación se produce entre un presidente y un partido sin cara definida, porque el adversario sólo se conoce cuando queda poco para la elección. En Europa la política está más personalizada porque hay confrontación entre dos líderes.
3. Gobernar suele acarrear descenso en la popularidad. Un autor afirma irónicamente: “Si un presidente quiere ser popular al dejar el cargo, o 1) es Dwight D. Eisenhower, o 2) debe presentar la dimisión el día después de su nombramiento” (Mueller en “Presidential Popularity from Truman to Johnson“, 1970).
4. Algunos sugieren ciclos regulares: popularidad alta al llegar (efecto “luna de miel”), pérdida en los tres años siguientes, y subida relativa al final del mandato.
5. “La propensión del elector a ajustar sus opiniones en línea con sus predisposiciones y preferencias políticas ha sido interpretada tradicionalmente a partir de la necesidad de evitar la disonancia cognitiva y mantener el equilibrio perceptivo. El individuo se siente más cómodo cuando la información que recibe es coherente con sus opiniones. Si no es así, experimenta una sensación de disonancia cognitiva, un malestar psicológico que le empuja a reconciliar sus opiniones con la información discrepante. La distorsión desempeña así una función psicológica que consiste en preservar la coherencia interna, evitando potenciales conflictos e incoherencias y protegiendo al votante de las complejidades de la vida política”.
6. El partido es un atajo: los ciudadanos y ciudadanas son perezosos en el uso de los recursos coginitivos. Recurren a atajos como los partidos para compensar su falta de información política. El individuo no tiene así que evaluar cada cosa, sino que cada cosa queda acoplada en su estructura cognitiva rápidamente.
7. De hecho, el elector presta más atención a la información que se ajusta a sus preferencias.
8. Cuando alguien evalúa la personalidad de un líder, está ahorrando esfuerzo, tiempo y dudas sobre asuntos políticos. En el líder resume un montón de información política diversa.
9. Pero la consideraciones personales sólo importan en la medida en que dan sentido a argumentos justificables públicamente. A asuntos políticos relevantes para una población.
10. Los medios conceden más tiempo a los candidatos con mejor apariencia física y con más habilidades comunicativas, atendiendo a criterios de pantalla.
11. Hay abundante literatura científica sobre la influencia de las características físicas y cómo éstas ofrecen claves a los electores. La apariencia física condiciona la percepción de competencia e integridad. Ligeras alteraciones en la fisionomía de los candidatos pueden tener el mismo efecto. Un simple retrato de los candidatos permite a la gente precedir si ganarán o perderán con bastante precisión.
12. Se tiende a identificar lo masculino con los instrumental (fuerza, decisión, estabilidad, control) y lo femenino con lo expresivo ( empatía, compasión, dedicación).
13. La educación, la sanidad, los asuntos sociales, en el tipo femenino. La defensa y las finanzas, en el tipo femenino.
14. No hay conclusiones científicas en cuanto al papel del género del candidato en la elección.
15. Los candidatos suelen tener mejores resultados en sus lugares de procedencia.
16. Hay muchas taxonomías de los atributos del liderazgo, pero dos emergen en casi todos los estudios: Compentencia e Integridad.
17. ¿Cuáles de las características influye más en la valoración? Depende del contexto. Por ejemplo: antes del Watergate, Nixon gozaba de una reputación de hombre honesto y recto. Clinton ya había tenido líos sexuales antes del caso Lewinski. La respuesta del público no fue la misma, entre otras razones, porque sus expectativas eran muy distintas en cada uno de los dos casos. Castigaron a Nixon y no a Clinton.
18. Aunque la gente de hoy está más formada que la de ayer, no tiene un mayor conocimiento político.
19. No está nada claro que a los sofisticados (más formados, más “racionales”, más cultos) les importen más los temas y menos los personajes, o que los menos formados prefieran guiarse por los personajes más que por los temas. Hay resultados contradictorios en las investigaciones. Todo depende del contexto.
20. Se ha constatado que al ver un debate por televisión se da más importancia a los asuntos personales y menos al contenido sustantivo de las discusiones, en comparación con quienes escuchan el debate por radio.
Extraído del libro Líderes políticos, opinión pública y comportamiento electoral en España, de Guillem Rico (CIS, 2009). Una excelente tesis doctoral que es la mejor compilación teórica y de datos que he visto sobre la cuestión. Imprescindible para académicos. Qué buenas son estas monografías del CIS, y qué feas sus portadas azules inexpresivas.


