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Apuntes sobre valoración de los líderes y candidatos

Lunes, 17 de Mayo de 2010

1. A pesar de lo que se dice, no es verdad que la política esté cada vez más personalizada. Las investigaciones al respecto son contradictorias.

2. En sistemas presidenciales como el estadounidense y los latinoamericanos, la confrontación se produce entre un presidente y un partido sin cara definida, porque el adversario sólo se conoce cuando queda poco para la elección. En Europa la política está más personalizada porque hay confrontación entre dos líderes.

3. Gobernar suele acarrear descenso en la popularidad. Un autor afirma irónicamente: “Si un presidente quiere ser popular al dejar el cargo, o 1) es Dwight D. Eisenhower, o 2) debe presentar la dimisión el día después de su nombramiento” (Mueller en “Presidential Popularity from Truman to Johnson“, 1970).

4. Algunos sugieren ciclos regulares: popularidad alta al llegar (efecto “luna de miel”), pérdida en los tres años siguientes, y subida relativa al final del mandato.

5. “La propensión del elector a ajustar sus opiniones en línea con sus predisposiciones y preferencias políticas ha sido interpretada tradicionalmente a partir de la necesidad de evitar la disonancia cognitiva y mantener el equilibrio perceptivo. El individuo se siente más cómodo cuando la información que recibe es coherente con sus opiniones. Si no es así, experimenta una sensación de disonancia cognitiva, un malestar psicológico que le empuja a reconciliar sus opiniones con la información discrepante. La distorsión desempeña así una función psicológica que consiste en preservar la coherencia interna, evitando potenciales conflictos e incoherencias y protegiendo al votante de las complejidades de la vida política”.

6. El partido es un atajo: los ciudadanos y ciudadanas son perezosos en el uso de los recursos coginitivos. Recurren a atajos como los partidos para compensar su falta de información política. El individuo no tiene así que evaluar cada cosa, sino que cada cosa queda acoplada en su estructura cognitiva rápidamente.

7. De hecho, el elector presta más atención a la información que se ajusta a sus preferencias.

8. Cuando alguien evalúa la personalidad de un líder, está ahorrando esfuerzo, tiempo y dudas sobre asuntos políticos. En el líder resume un montón de información política diversa.

9. Pero la consideraciones personales sólo importan en la medida en que dan sentido a argumentos justificables públicamente. A asuntos políticos relevantes para una población.

10. Los medios conceden más tiempo a los candidatos con mejor apariencia física y con más habilidades comunicativas, atendiendo a criterios de pantalla.

11. Hay abundante literatura científica sobre la influencia de las características físicas y cómo éstas ofrecen claves a los electores. La apariencia física condiciona la percepción de competencia  e integridad. Ligeras alteraciones en la fisionomía de los candidatos pueden tener el mismo efecto. Un simple retrato de los candidatos permite a la gente precedir si ganarán o perderán con bastante precisión.

12. Se tiende a identificar lo masculino con los instrumental (fuerza, decisión, estabilidad, control) y lo femenino con lo expresivo ( empatía, compasión, dedicación).

13. La educación, la sanidad, los asuntos sociales, en el tipo femenino. La defensa y las finanzas, en el tipo femenino.

14. No hay conclusiones científicas en cuanto al papel del género del candidato en la elección.

15. Los candidatos suelen tener mejores resultados en sus lugares de procedencia.

16. Hay muchas taxonomías de los atributos del liderazgo, pero dos emergen en casi todos los estudios: Compentencia e Integridad.

17. ¿Cuáles de las características influye más en la valoración? Depende del contexto. Por ejemplo: antes del Watergate, Nixon gozaba de una reputación de hombre honesto y recto. Clinton ya había tenido líos sexuales antes del caso Lewinski. La respuesta del público no fue la misma, entre otras razones, porque sus expectativas eran muy distintas en cada uno de los dos casos. Castigaron a Nixon y no a Clinton.

18. Aunque la gente de hoy está más formada que la de ayer, no tiene un mayor conocimiento político.

19. No está nada claro que a los sofisticados (más formados, más “racionales”, más cultos) les importen más los temas y menos los personajes, o que los menos formados prefieran guiarse por los personajes más que por los temas. Hay resultados contradictorios en las investigaciones. Todo depende del contexto.

20. Se ha constatado que al ver un debate por televisión se da más importancia a los asuntos personales y menos al contenido sustantivo de las discusiones, en comparación con quienes escuchan el debate por radio.

Extraído del libro Líderes políticos, opinión pública y comportamiento electoral en España, de Guillem Rico (CIS, 2009). Una excelente tesis doctoral que es la mejor compilación teórica y de datos que he visto sobre la cuestión. Imprescindible para académicos. Qué buenas son estas monografías del CIS, y qué feas sus portadas azules inexpresivas.

Reforma de la Salud en EE.UU: de momento cuatro puntos

Martes, 23 de Marzo de 2010

Según los dos sondeos ya publicados, que analizan diariamente el nivel de aprobación de Obama en porcentaje de 0 a 100, el presidente cuenta ya con un aumento de tres puntos, después de que el Congreso aprobara su reforma del sistema de Salud. Rasmussen le da una subida del 45 hace dos días al 48 por ciento hoy martes, y Gallup del 47 al 51 en tres días.

Gallup también cuenta que el porcentaje de quienes creen que la reforma es “una buena cosa” es del 49 por ciento, nueve puntos más del 40 por ciento que cree que es “mala cosa”. Los porcentajes están muy marcados por la ideología de quien contesta, con los independientes divididos en dos mitades iguales a favor y en contra.

Si Obama capitaliza bien la gestión de la reforma, es seguro que su nivel de aprobación seguirá subiendo.

Los siete pilares de la grandeza

Jueves, 25 de Febrero de 2010

Ya vimos ayer – mira un poco más abajo – que el concepto “grandeza” que considera el autor es cuestionable si no te pones hielo en el cerebro, pero es interesante transcribir aquí lo que Ludwig propone como siete características de los grandes gobernantes del siglo XX, sus “siete pilares de la grandeza”

1. Dominio

Los grandes tienen instito y fuerza para ponerse por encima de los demás. Ya desde pequeños suelen ser líderes de su escuela, de su aula, de sus pandillas…

2. Rebeldía

Se rebelan contras sus maestros, contra sus padres, contra su religión o sus autoridades.

3. Presencia personal.

Si no la tienen, la buscan, la alimentan. Además, son reservados en lo más íntimo. Se guardan buena parte para sí mismos o sus más cercanos.

4. Agentes de cambio.

Tienen un cierto estilo autoritario, pero son capaces de sacrificarse: su tiempo, su familia, sus amistades.

5. Vanidad

Tienen compostura, confianza en sí mismos, pose. Se preparan a conciencia. Muchos de ellos han hecho teatro, o música, o han ejercido algún otro arte. Les gusta ser admirados.

6. Coraje

Asumen riesgos, a veces excesivos, pero con mucho convencimiento y persuasión. Si dudan, no lo dejan notar.

7. Constante preocupación

Siempre trabajan. No descansan. Están siempre inquietos. Persiguen incasablemente su objetivo.

Fuente: Arnold M. Ludwig: King of the Mountain

(Ya está bien de este libro. Lo dejo en mi estantería por unos cuantos años y no te aburro más…).

¿Se puede medir la “grandeza política”?

Miércoles, 24 de Febrero de 2010

Eso es lo que propone Arnold Ludwig (para los líderes del siglo XX), en el varias veces citado aquí King of the Mountain. El entiende que la grandeza política debería ser resultado de las siguientes variables:

1. Es más grande quien crea un nuevo país, una nueva patria, antes inexistente, y especialmente si lucha por crearla o liberarla. Como Ben Gurion, Mao o Ataturk.

2. Es más grande quien conquista más territorio y no lo pierde, como Menahem Begin, Arafat, Clemenceau o Wilson.

3. Es más grande quien más tiempo está en el poder. El récord, prescindiendo de emperadores dinásticos y reyes, lo tienen Kim Il Sung de Korea (46 años), Enver Hoxha de Albania (41 años), Franco en España y Selassie de Etiopía (39 años).

4. Es más grande quien gana guerras (como Stalin, Bush, Thatcher o Churchill) y menos quien las pierde (Hitler, Johnson o Nixon).

5. Es más grande quien, a modo de ingeniero/a social, hace leyes sin precedentes, como Mao, Roosevelt o Clinton).

6. Es más grande quien promueve o sostiene la prosperidad económica, como Clinton o Reagan o Hitler).

7. Es más grande quien es activo en asuntos internacionales (como Churchill, Kohl o Brandt), algo quien lo es en asuntos regionales, y menos quien es activo en asuntos étnicos o religiosos.

8. Es más grande quien define una idelogía que es original y llega al pueblo, como Hitler, Mao o Jomeini.

9. Es más grande quien destaca por una moral ejemplar, como Mandela, de Gaulle, Churchill o Roosevelt.

10. Es más grande quien deja un buen legado político, con mejor reputación de su patria, como Reagan, Havel o Walesa.

11. Es más grande quien gobierna naciones muy populosas.

Con la frialdad estadística de los datos, el autor llega a la conclusión de que los líderes del siglo XX que puntúan más alto en grandeza son, por este orden aproximado, Ataturk, Mao, F.D. Roosevelt, de Gaulle, Lenin, Mussolini, Stalin, Ho Chi Ming, Nehru, Ibn Saud, Deng Xiaoping, Suharto, Hitler, Kohl, Gorvachov, Jomeini, Keniatta, Bourguiba, Castro, Churchill, Chiang Kai-shek, Ben Gurion, Zulfikar Butho, Clemenceau, Tito, Lloyd George, Nasser, Ali Khan, Truman, Wilson, T. Roosevelt, Reagan, Franco, Sukarno, Sun Yat-Sen, Thatcher, Yeltsin, Kim Il Sung, Mandela, Touré, Sadat,  Masarik, McKinley, Salisbury y Senghor.

¿Discutible, no? Quizá para un marciano no tanto, pero para los demócratas el siglo XXI, mucho, desde luego.

Mañana te cuento un poco más: en concreto, lo que el autor llama “los siete pilares de la grandeza”. Menos discutible te va a parecer. Buenas noches desde Madrid.

Líderes mundiales sin carisma

Martes, 14 de Julio de 2009

Ban Ki-Moon, secreario de Naciones Unidas; Manmohan Singh, el líder indio capaz de dormir a cualquiera con un discurso; Kevin Rudd, el primer ministro australiano poco dado a los excesos pero duro en sus decisiones; o Kohl y Merkel, los dos aburridos cancilleres alemanes; son algunos de los ejemplos que Time pone de “líderes sin carisma”, que contrastan con el estilo estadounidense tradicional. La revista aporta una guía rápida para gobernar sin carisma:

1) No te preocupes por la imagen. Lo que haces es lo que cuenta.

2) Recuerda en qué y a quién lideras, diferentes situaciones requieren estilos diferentes.

3) El discurso de Gettysburg está sobrevalorado. Un buen discurso puede ponerte en YouTube, pero nada más.

4) La persistencia compensa. Inténtalo, inténtalo y vuelve a intentarlo.

5) Asume responsabilidades.