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Historia para el verano

Lunes, 5 de julio de 2010

Estoy leyendo en paralelo dos libros que recomiendo vivamente a quienes quieran conocer la historia de la comunicación política. Me sorprende que aún no se haya escrito, que yo sepa, ni en español ni en inglés, ninguna historia comprehensiva del asunto, pero estos dos libros ayudan.

El primero es De Gutenberg a Internet, una historia social de los medios de comunicación, de Asa Briggs y Peter Burke, editado por Taurus en 2005. Quitando la parte (corta) de historia de los medios de transporte, el libro cuenta, por ejemplo, cómo se extendían las ideas políticas en los cafés europeos en el siglo XVII, cómo cautivó a los políticos el cine y luego la televisión, las profecías que se hicieron, muchas veces equivocadas, sobre elos efectos de los medios y muchas otras cosas.

De Gutenberg a Internet - Asa Briggs

LIBROS - LA FABRICACION DE LUIS XIV

Y del mismo Peter Burke, un historiador social de primera, otra obra deliciosa: La fabricación de Luis XIV, editado por Nerea, 2003. Es la historia de cómo gestionó su imagen el primer y más importante mito político francés: sus palacios, sus pinturas, sus esculturas, sus monedas, estampas y monumentos. Cómo fue capaz de componer durante 70 años su propia imagen. El libro es una delicia para descubrir que, en realidad, en la era Facebook hemos inventado pocas cosas.

El tipo que más empeño puso en su imagen personal

Martes, 17 de noviembre de 2009

El pequeño dictador Kim Jong Il, megalómano como pocos, o los brutales dictadores del siglo XX, se quedaban cortos al lado del hombre que, probablemente, más se preocupó de trasladar públicamente la grandeza de su Imperio: Luis XIV de Francia, el Rey Sol, el monarca que elevó el lujo y la grandeza a política de Estado.

El Palacio de Versalles muestra estos días una exposición de elementos de esa grandeza. No he podido ir, pero he disfrutado la visita virtual cuya dirección aquí te dejo.

Uno de los comisarios de la exposición, Alexandre Maral, nos dice: “En el caso de Luis XIV, uno no puede distinguir entre su pasión por el coleccionismo de arte y su ejercicio del poder.”