The Economist tiene un sesgo liberal y empresarial evidente, pero la revista semanal es admirada por su moderación y su equilibrio en la presentación de las diversas perspectivas. Ayuda a ello que los periodistas no firmen las piezas, sino que sea el propio semanario el que da la cara de manera colectiva.
Por eso me parece interesante leer la descripción que la revista hace de la situación de España y de Zapatero, en su número penúltimo. Aquí tienes la traducción. Traté de buscarla en el soberbio resumen de prensa internacional que Moncloa hace de toda la vida, pero no lo encuentro. Parece que alguien ha decidido no publicarlo más.
Una visión económica de España
3 de febrero de 2010. Madrid. De la edición impresa.
Zapatero cede ante los reformistas
¿Ha cambiado Epaña por fin? Al primer ministro, José Luis Rodríguez Zapatero, en quien no confían los mercados de bonos y que es impopular entre los españoles, seguro que le gustaría que el mundo creyera que así es. El 2 de febrero firmó un solemne “pacto social” con los sindicatos y con los empresarios, que cubría pensiones, negociación colectiva y más. Fue, según declaró el propio Zapatero, el acuerdo más importante desde los Pactos de la Moncloa de hace 33 años.
Bajo sus términos, los españoles se jubilarán, aunque con muchas excepciones, a los 67 (en lugar de los 65). Al menos así lo harán en 2027, cuando la reforma se ejecute plenamene. Eso está muy lejos, pero los españoles estarán entre los trabajadores de mayor duración de la Unión Europea. Primero, sin embargo, tendrán que encontrar trabajo.
El desempleo está por encima del 20 por ciento, y subiendo, una prueba de que Epaña necesita urgentemente muchos cambios más. El pacto vino justo un día antes de que la canciller alemana Angela Merkel, que muchos creen que está forzando a Zapatero, llegara a Madrid. La esperanza era que volviera garantizando a los alemanes que España no es como la atormentada Grecia, la irresponsable Irlanda o el derrochador Portugal, sino un país del Sur serio, austero y trabajador que está preparado para asumir reformas.
Si los alemanes lo creen, la señora Merkel encontrará más fácil ponerse de acuerdo con sus colegas líderes de la eurozona para que se apruebe un fondo de rescate mayor en la cumbre de la UE del próximo mes. Un fondo mayor (y el pacto social) suavizarían las preocupaciones sobre la deuda soberana de España, al menos de momento. Mientras, los turbulentos bancos de ahorro se han puesto en la senda de la recapitalización y, en algunos casos, de la nacionaliación en torno a septiembre. Pero está por ver si todo esto servirá para restaurar la confianza en el crecimiento en un país que suma un tercio del desempleo de la zona euro.
El nuevo pacto ha dejado algunos problemas importantes sin resolver. Una reforma crucial de la negociación colectiva no tendrá lugar hasta mediados de marzo. En una entrevista, el señor Zapatero apuntó la locura del sistema actual, bajo el cual España en 2009 tuvo uno de los sistemas de subida de salario más altos de la zona euro, mientras era uno de los países que más empleo perdía. Ahora quiere vincular los acuerdos de salarios al crecimiento de la productividad.
La conversión retardada del primer ministro a las reformas es tan seria que, con o sin el ánimo de la señora Merkel y sus colegas líderes de la eurozona, él ahora insiste en que las hará de cualquier manera. “España está haciendo sus reformas por sí sola, no porque nadie nos lo diga,” dice. “Estoy a favor de que se impongan sanciones a los países de la UE que no cumplan con los criterios de déficit y deuda.”
El sr. Zapatero también está comprometido con la consolidación de la reforma fiscal en España. Afirma que el gobierno cumplió con su objetivo de un déficit del 9.3 por ciento del PIB. Una contracción del PIB del 0.2 por ciento también fue ligeramente mejor que el objetivo. Insiste en que cumplirá con los objetivos de un 6 por ciento de déficit y un 1,3 por ciento de crecimiento para 2011. Pero si el crecimiento no viene, no recurrirá a los impuestos. “Si hay algún riesgo de no cumplir los objetivos, entonces reduciremos los gastos, no subiremos los impuestos,” proclama.
Sin embargo, hay límites en su credo reformista. Zapatero defiende la moderación salarial (y los salarios reales de hecho están bajando por fin), pero no abraza la idea de que España en su conjunto necesite que los salarios bajen para poder competir. “No necesariamente,” dice. “Tiene que haber moderación salarial. Creo que tenemos que mirar sector a sector y empresa a empresa.” Tampoco cree que la caída de los precios de la vivienda tenga mucho recorrido. “Estamos casi tocando fondo (en el ciclo),” insiste. Muchos no estarían de acuerdo. Aunque 700,000 casas nuevas están sin vender, los precios han bajado sólo un 13 por ciento.
¿Y que hay del crecimiento? Con su famoso optimismo, el señor Zapatero apela a los estudios que dicen que España crecerá más rápido que la media de la UE tan pronto como 2013. Pero las elecciones son el año que viene y su Partido Socialista, dicen las encuestas, no estará en el poder. La reforma ha llegado demasiado tarde.


