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El cuestionable efecto revolucionario de Twitter

Martes, 24 de mayo de 2011

Decía aquí hace unos días, que te presentaría un estudio con evidencia empírica de que Twitter tuvo un efecto muy limitado en las revueltas de la Primavera Arabe en Oriente Medio y el Magreb. Por supuesto, todos sabemos el truco: dices que los nuevos medios están generando una revolución, y los medios tradicionales caen fascinados y lo cubren, lo cual alimenta a los nuevos medios, y eso alimenta a los medios tradicionales y eso a los nuevos medios, y así en una cadena…

Pero, efectivamente, el estudio, que puedes ver aquí, demuestra que la inmensa mayoría de la actividad en Twitter sobre los países árabes (Egipto, Túnez, Libio, Bahrein, Yemen, Jordania, Siria…) fue producida desde el exterior. Es posible que en parte por gente de la diáspora de cada uno de esos países, pero desde fuera. Twitter no respondía masivamente a lo que pasaba allí, sino a lo que los medios tradicionales decían en otros países que pasaba allí. En los gráficos que puedes ver en el estudio, se observan los picos de acción en respuesta desde otros países a los eventos principales, como la dimisión de Mubarak o la toma de la residencia de Gadafi y el discurso de su hijo.

15M: maravillosa “Revolución express”

Viernes, 20 de mayo de 2011

Pobres sindicalistas. Se han dejado las horas en las mesas de negociación con empresarios. Muchos de ellos han perdido dinero y tiempo convocando y participando en huelgas contra las reformas. Padres y madres de familia, muchos en paro o con salarios bajos, sufriendo las consecuencias del dominio de la banca y la especulación en la vida de la gente. Convocaron a cientos de miles en las calles… Y ahora vienen unos cuantos miles de chavales y les roban el escenario, gracias a la fascinación de los medios de comunicación por lo festivo, lo horizontal y lo distinto. Y gracias al componente festivo de las protestas, tan atractivo para los jóvenes.

¿Qué harán dentro de una o dos semanas? Pasarán los camiones de basura y lo dejarán todo limpito. Los chavales se irán a su casa y no quedará nada. Si algo quedara, será una plataforma que se instalará en el sistema: quizá serán recibidos por el presidente del Gobierno y por el líder de la Oposición, y poco más. Aún así, bienvenidos a la revolución express, jóvenes y mayores: hacía falta la protesta, la indignación, la pura expresión de queja porque la economía mande en la gente y no la gente en la economía. Es sano, muy sano, retomar la narrativa de “los débiles frente a los poderosos”.

¿Qué hay de original en sus demandas? No mucho, pero gracias a ellos se multiplica su impacto. Todas sus reclamaciones están ya en decenas de manifiestos, programas electorales y plataformas previas. Contra la Ley Sinde, por la Tasa Tobin o similar, por la educación y la sanidad públicas, por el transporte barato, por la reforma electoral… Quizá si hicieran una memoria económica de sus propuestas lo verían de otra manera, por otro lado. Pero lo cierto es que han actuado, están actuando, como un altavoz mundial de lo que antes estaba disperso y acallado.

¿Similitudes con las revueltas en Oriente Próximo y el Magreb? Por dios, un respeto. Allí murió un tipo quemado a lo bonzo, había unos dictadores que ahora están escondidos, se enfrentaron a los tanques y las pistolas, y de allí surgió una guerra con participación internacional. Estos jóvenes más o menos acomodados (urbanos, formados, estudiantes de unos veintitantos y con menos paro que en la media nacional, según análisis de El País de hoy), son la expresión lúdica de un cabreo y una indignación comprensible y lógica, pero más lúdica que militante. Pero merecen un respeto: podrían estar haciendo botellón y están haciendo algo necesario y estimulante.

Habrá cientos de miles mañana y pasado. Claro, tampoco es difícil: vas por allí y te tomas una cerveza al sol de primavera. Nadie se atreverá a desalojarlos. Sería un suicidio político para quien lo hiciera. La gente bailará y disfrutará de la idea de sentirse protagonista de algo por un rato. Revolución express y barata. Hay que leer Join the Club.

El aviso es al Gobierno, claro: Las demandas son progresistas. Los participantes son progresistas en su mayoría. Pero el Gobierno no supo o no pudo responder a esa épica de “la gente contra los poderosos”. Seguramente algo tendrá que ver tener que dar explicaciones a 27 socios de los que 22 son conservadores, y también que quienes han prestado dinero a España, al final, son unos tipos sentados en torres en Manhattan o en Londres o en Pekín.

¿Twitter? Si no fuera porque los medios han cubierto profusamente las concentraciones, en la Puerta del Sol habría ahora cincuenta como mucho. ¿Se habrán dado cuenta todos los defensores de los “medios alternativos”, que sus datos y sus sistemas de comunicación están en manos de dos empresas privadas propietarias de Twitter y Facebook? ¿Sabrán que Twitter eliminó tras las revueltas árabes los archivos de tráfico para que no pudieran analizarse? Harían bien los manifestantes reclamando también su privacidad y el derecho a un espacio público de expresión en la red.

(Un estudio reciente que traeré aquí en breve, demuestra el papel ridículo que en realidad jugó Twitter en Oriente Próximo, más allá del siempre atractivo argumento periodístico de su utilización).

Efecto nulo en las Elecciones, a menos que el PP se empeñe. Si el PP se empeña en que se desaloje aquello, y en increpar al Gobierno por no hacerlo… ellos sabrán. La extrema derecha y El Mundo parece que van por ahí. IU subirá en voto, pero eso ya estaba detectado desde antes.

Benditos los jóvenes que, aún en forma express, nos dicen que hay espacio. Sí, son alevines al lado de sus hermanos revolucionarios de otros tiempos u otros lugares. Pero esos jóvenes han decidido lanzar al mundo un mensaje de que ya está bien que manden los bancos, los políticos apoltronados, mentirosos y cobardes, y las instituciones inútiles. Sólo por eso, fuerza en la lucha, amigos.

Canción protesta

Viernes, 29 de abril de 2011

Nada como una pieza musical de tres minutos para lograr un efecto superior al de una decena de buenos discursos políticos. Recordemos (los que podemos, aunque fuéramos niños entonces) las canciones de los últimos años del franquismo, o las canciones latinoamericanas contra los dictadores en Chile o en Argentina o en otros países, o las canciones vinculadas a la Teología de la Liberación en aquel mismo continente. Mi padre nos ponía en el Renault 12 familiar, camino del pueblo de la Mancha en donde nació mi madre, y sin solución de continuidad, las canciones de Mejía Godoy tras las de Elsa Baeza. Menos protestón sonaba luego BoneyM o Abba.  También, cómo no, las canciones de los cantautores en Estados Unidos en los 60 y 70 por los derechos civiles o contra la Guerra de Vietnam, o los baladistas franceses en el 68…

Hay un nuevo libro, 33 Revolutions per Minute: A History of Protest Songs, from Billie Holiday to Green Day, que empieza en 1939 y termina en 2008, pero resulta sólo útil para las canciones en inglés, y me parece que no está muy bien lograda la integración del texto. Es más bien una historia de cada canción. El autor, Dorian Lynskey, tiene un blog sobre el libro.  

En estos momentos, The Nation tiene abierta una encuesta para elegir la mejor canción protesta de todos los tiempos. La semana que viene publicarán los resultados.

De momento, hay una lista de canciones en inglés aquí. Y un par de trabajos que no están mal sobre la religión y la canción protesta en Latinoamérica, y sobre la canción protesta en España (del Franquismo y la Transición).

A pesar de la mala calidad del lugar, está muy bien esta recopilación de la canción protesta en América Latina.

Se está preparando en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, para septiembre de este año, un Congreso sobre “la letra de la música” y su relación con la historia y la sociedad. Interesantísimo.

¿Cómo evitar la difusión de teorías de la conspiración?

Miércoles, 20 de abril de 2011

Que el ataque a las Torres Gemelas fue en realidad organizado por la CIA (una amplia mayoría de árabes cree que el origen fue estadounidense); que el 11M en Madrid fue organizado con ETA (lo creía en su momento casi un 20 por ciento de la población española); que el hombre no llegó a la Luna sino que fue  un montaje; que la CIA (siempre la CIA) mató a Kennedy…

Una teoría de la conspiración es “el esfuerzo de explicar una práctica o un suceso con referencias a las maquinaciones de los poderosos, que se han encargado de ocultar su papel”. Así la definen Cass Sunstein y Adrian Vermeule en un trabajo muy interesante titulado “Conspiracy Theories“. Me lo pasa Oscar Santamaría y se lo agradezco.

Obviamente, no todas las teorías conspirativas son peligrosas. Hay una que se mantiene desde hace siglos, que dice que un líder misterioso llamado Papá Noël, con la ayuda de miles de elfos, trabaja en un lugar remoto para distribuir regalos a los miembros más jóvenes de la sociedad en la Nochebuena. También hay otra que habla de un ratón que colecciona dientes. Otras creencias falsas no son conspirativas: por ejemplo, que no hay cambio climático.

Las teorías conspirativas surgen y se expanden de una manera peculiar. Primero, por lo que Sunstein y Vermeule llaman “epistemologías amputadas”, es decir, por la ausencia de información correcta y racional. Por ejemplo, hay más teorías conspirativas donde la gente no tiene información libre, como en las dictaduras o los países pobres.

Segundo, los rumores y la especulación. Hay gente que se lucra con el rumor (en España tenemos algunos buenos ejemplos en las televisiones comerciales). Otra simplemente disfruta difundiendo fantasmadas.

Tercero, se producen cascadas de información, que varían en función de la información disponible, en función de la reputación de las fuentes y en función de la polarización social.

¿Qué pueden hacer los gobiernos que afrontan la difusión de una teoría de la conspiración? El dilema es relevante porque en muchas ocasiones (no siempre, claro), las teorías pueden hacer daño, poniendo en cuestión el sistema, provocando reacciones violentas o simplemente distrayendo la atención de asuntos más relevantes.

La propuesta de nuestros dos autores es la “infiltración cognitiva” en los grupos que promueven estas teorías. La infiltración cognitiva significa que se trabajen los argumentos contrarios, que se cuente con terceros creíbles que desmonten la teoría, y que se converse informalmente con los promotores de la teoría.

“Esperar y ver” cómo la teoría se agranda no suele ser rentable, porque cuando quieres actuar es demasiado tarde. Pero, por otro lado, dedicarse a desmontar todas las teorías conspirativas puede ser agotador y poco rentable. Desmontar sólo unas teorías conspirativas pero no todas, dicen los autores, tiene el efecto de legitimar todas las que no son desmontadas. En resumen, lo que parece más práctico es ser selectivos en las teorías que se trata de desmontar, y dedicar buenos esfuerzos a hacerlo, pero no dejar ninguna relevante sin tratar.

¿Dónde deben desarticularse las teorías conspirativas? ¿En el lado de la oferta – es decir, frente a los que las promueven – o en el de la demanda – ante el público? Debe encontrarse un equilibrio. Parece adecuado contar con terceros no oficiales que ayuden a aclarar la verdad: terceros aliados que deben ser expertos reconocidos por su trabajo, y que actúan “en su propio nombre”, aunque sea con información proporcionada por los gobiernos en bambalinas.

Sunstein y Vermeule proponen una vía expeditiva para desmontar teorías conspirativas, que denominan, como anuncié más arriba, “infiltración cognitiva de grupos extremistas”. Se trata básicamente de introducirse en los grupos generadores para explicar las debilidades cognitivas de la teoría: con presencia de agentes del Gobierno, y de terceros aliados, en las redes sociales, en los grupos de discusión virtuales o físicos, en los medios que los extremistas utilizan… Los autores dicen que no hay por qué ocultarse necesariamente. Algunos agentes que hablan árabe representaron al Gobierno de Estados Unidos ante los grupos de discusión on line, explicando las debilidades de algunas teorías peregrinas antiamericanas que andan por la red.

Terminan su artículo los autores con esta cita, que traduzco:

Algunas teorías conspirativas generan riesgos serios. No se limitan a minar el debate democrático; en casos extremos, pueden crear o fomentar la violencia. Si el Gobierno puede diluir esas teorías, debería hacerlo. Un problema es que sus esfuerzos pueden ser contraproductivos, porque los esfuerzos para desmontar las teorías también las legitiman. Hemos sugerido, sin embargo, que el Gobierno puede minimizar este efecto si desmonta más bien más que menos teorías, si lista los grupos que pueden ofrecer réplicas a las teorías, y si utiliza la infiltración cognitiva, diseñada para romper la epistemología amputada de los grupos que se guían por la conspiración y de las redes sociales aisladas.

Sunstein ha sido un importante asesor de Obama en estas cuestiones, y no cae muy bien a los neoconservadores, como podemos imaginar…

El placer movilizador de sentirse parte de un club divertido

Domingo, 27 de marzo de 2011

Join the Club: How Peer Pressure Can Transform the World

Encontré la semana pasada en las mesas de novedades de Washington DC, el libro Join the Club. Se trata de una interesante compilación de casos en los que se ve el atractivo que tiene para mucha gente sentirse parte de una comunidad que reivindica algo. De manera festiva, reivindicativa, lúdica.

Por ejemplo: las campañas contra el hábito de fumar de más éxito en Estados Unidos fueron aquellas en las que se llamaba a los jóvenes a la rebelión frente a la manipulación de las tabaqueras.

O por ejemplo: el hecho de sentirse parte de Otpor, la organización contra la dictadura serbia que trabajó y ayudó a derrocar a Milosevic en los 90, imprimía a sus miembros glamour, riesgo y espíritu festivo. Te recuerdo que Otpor es el movimiento que ha estado también inspirando las revueltas en Oriente Medio:

Otpor sacó el miedo hacia afuera. El movimiento era atractivo precisamente por el riesgo. Un adolescente sin futuro – y con muy poco presente – podía tener un teléfono móvil y memorizar unas palabras clave y esconderse de la policía a medianoche. Podía ser James Bond. Si era arrestado, se convertiría en una estrella del rock, y al día siguiente las chicas querrían su número de teléfono. Los activistas de la democracia tradicional crean partidos políticos (political parties). Otpor creaba una fiesta (party). La gente se sumaba al movimiento por el mismo motivo por el que van al bar de moda del momento. “Nuestro producto es un estilo de vida”, explica Marovic (un activista del movimiento). “El movimiento no es sobre temas, es sobre mi identidad. Es sobre cómo ser chulo, guay, cool. Intentamos que la política sea sexy’” (p. xviii).

El historial de las revueltas en un gráfico

Miércoles, 23 de marzo de 2011

Si quieres ver toda la historia de las revueltas en el mundo árabe de forma interactiva, pincha aquí. Y luego sigamos pensando qué posibilidades abre el periodismo con la web. Una vez más, gracias, Oscar.

“Lograr un pingüino” o “hacer el pingüino”

Lunes, 21 de marzo de 2011

Esos son los dos términos metafóricos que Núñez utiliza en su libro de próxima aparición, La estrategia del pingüino.

Transcribo líneas para abrir boca, con permiso del autor:

“Los pingüinos son unos animales de costumbres muy gregarias. El gregarismo es básico para su supervivencia en las condiciones de vida extremas en las que viven. Una de esas costumbres reflejas es la de lanzarse inmediatamente al agua desde la placa de hielo donde descansa toda la colonia siempre que ven que otro compañero lo hace. Se arrojan al agua indisciplinadamente, sin hacerse preguntas o cuestionarse los motivo de la zambullida del compañero”…

Insipirado por ese comportamiento animal, en mi práctica diaria como profesional de comunicación suelo hablar de ‘lograr un pingüino’ o ‘hacer el pingüino’.

Llamo ‘lograr un pingüino’ a lanzar con éxito un mensaje con el objetivo de que terceras personas, empresas o instituciones tengan que responder o realizar declaraciones sobre él, consiguiendo así provocar una cadena de mensajes que amplifica el alcance y difusión del primer mensaje.

En cambio, ‘hacer el pingüino’ consiste en cometer el error de responder a declaraciones de terceros sin pensarlo, sin sopesar previamente las consecuencias de participar en un debate o preparar el contenido y puesta en escena del mensaje”

Antonio pone el ejemplo del impresentable pastor Terry Jones, aquel bigotudo de Florida que propuso celebrar el “día de la quema del Corán”. Jones logró un pingüino espectacular, cuando cientos de pingüinos de todo el mundo, comenzando por el Observatorio de la Islamofobia y luego algunas televisiones locales, se hiciero eco de la brabuconada del desconocido pastor Jones.

“La estrategia del pingüino”, nuevo libro de Antonio Núñez

Jueves, 17 de marzo de 2011

Queda poco para que esté en las librerías, pero él me deja que lo anunciemos aquí. Antonio Núñez, el querido autor de Será mejor que lo cuentes, grandísimo amigo y tipo listo y trabajador, publicará dentro de nada La estrategia del pingüino: influir mediante mensajes que se contagian de persona en persona.

Estoy leyendo el manuscrito y está deliciosamente redactado y es super formativo. Todo el mundo a la librería o a la biblioteca…

Gracias, Antonio.

1848 versus 2011

Martes, 15 de marzo de 2011

Un excelente artículo con infografía incluida ofrece esta semana en la revista Time los increíbles paralelismos entre las revueltas contra las monarquías europeas en 1848 y las revueltas contra las monarquías árabes en 2011. Esta escrito por Kurt Andersen, escritor de novela histórica.

Traducción:

Como sucede hoy en el norte de África y Oriente Medio, la Europa continental en la década de 1840 era un conjunto de monarcas gobernando a masas empobrecidas que sufrían dificultades económicas agudas. La apertura política avanzaba demasiado lentamente como para satisfacer a los intelectuales y las nuevas clases medias en las ciudades.

En París, hace 163 años, el régimen amenazó con sofocar una protesta pacífica, lo que provocó que miles de manifestantes indignados salieran a la calle y exigieran democracia. Las turbas crecieron, se tomaron las calles, los manifestantes confraternizaron con la Guardia Nacional, un número relativamente pequeño de manifestantes fueron asesinados, el ejército no intervino y, en pocos días, el rey Luis Felipe había abdicado. Se declaró la república, se promulgó la libertad de expresión y se programaron elecciones.  

Una década antes, lo que pasó en París podría haber quedado en París. Pero, por el contrario, se generó una ola continental de revoluciones democráticas, con las noticias extendiéndose rápidamente gracias a las nuevas tecnologías: el telégrafo eléctrico, los periódicos impresos por máquinas a vapor y el ferrocarril.

Una semana después del sorprendente éxito francés, las protestas surgieron en Múnich, provocando la expulsión del rey de Baviera, y una semana después de Múnich, las protestas estallaron en Berlín, la capital de Prusia, donde las tropas atacaron a los manifestantes. Pero el rey retiró a sus soldados, terminó con la censura, nombró un gabinete liberal, acordó la convocatoria de elecciones parlamentarias y huyó de la ciudad. La ola llegó a Viena, la capital del Imperio de los Habsburgo, obligando al todopoderoso Metternich a dimitir. Luego vinieron días de lucha en las calles de Milán, lo que obligó al ejército ocupante de Austria a retirarse; la rebelión en Venecia obligó a marcharse a los gobernantes austríacos. Sólo había pasado un mes desde el levantamiento de París y la marea revolucionaria siguió avanzando durante toda la primavera en docenas de otro lugares. 

Pero si nos fijamos en los paralelismos con los levantamientos de este año en el norte de África y Oriente Medio, debemos recordar lo que vino después. En Francia, los radicales empujaron demasiado rápido y demasiado lejos, exigiendo socialismo y causando una reaccion violenta. En otras partes, el Imperio simplemente devolvió el golpe. Para el otoño, la mayoría de las revoluciones se habían invertido; las demás colapsaron en un año. ¿Y en 2011? Lo sabremos pronto.

Paralelismos:

  • En 1948 hubo revueltas democráticas contra regímenes monárquicos en París, Munich, Colonia, Berlín, Viena, Buda y Pest, Venecia y Milán. Todas entre el 22 de febrero (París) y el 22 de marzo. En 2011, las revueltas contra regímenes monárquicos o casi-monárquicos sucedieron entre el 17 de diciembre y el 20 de febrero, en Túnez, Argelia, Jordania, Oman, Yemen, Egipto, Líbano, Iraq, Kuwait, Bahrein, Irán, Libia y Marruecos.
  • En 1848 los precios de los alimentos aumentaron y sublevaron a las masas, con niveles de desempleo muy altos. En 2011 sucede en la zona exactamente lo mismo.
  • Tanto en 1848 como en 2011, en la base del descontento está una clase media creciente y frustrada política, económica y culturalmente.
  • Tanto en 1848 como en 2011 hay éxitos iniciales en la protestas, que obligan al rey (en Francia) o al casi-rey (en Túnez y Egipto) a abdicar.
  • Tanto en 1848 como en 2011, el ejército y la policía se unen (total o parcialmente) al pueblo.
  • Tanto en 1848 como en 2011, la revolución se acelera gracias a nuevas tecnologías de comunicación: el telégrafo, la prensa y el ferrocarril, y los telefónos, Internet y la televisión por cable.
  • Tanto en 1848 como en 2011, Estados Unidos apoyó antes de las revueltas a los regímenes autoritarios en crisis, con ayuda militar.
  • Tanto en 1848 como en 2011, hay en el Este unos gobernantes ricos y reaccionarios apoyando a los regímenes en crisis: el zar ruso Nicolás I en siglo XIX, y el saudí Abdullah en el XXI.
  • Tanto en 1848 como en 2011, se demoniza a quienes protestan llamándoles radicales (socialistas hace siglo y medio, islamistas ahora).
  • Tanto en 1848 como en 2011, hordas de pobres de piel oscura se refugian fuera de sus países (los europeos católicos de 1848 se van a los protestantes EE.UU; los norteafricanos musulmanes emigran a la cristiana U.E.).

Mejor vilipendiado que ignorado: los efectos positivos de que hablen mal de ti

Viernes, 4 de marzo de 2011

En algunos casos, que hablen mal de ti puede incrementar el atractivo de tu oferta. Pero ese efecto no se produce con nombres muy conocidos, sino más bien con nombres nuevos desconocidos por el gran público.

Y esto es sólo una hipótesis que habría que confirmar en el mundo político. Procede de un estudio muy interesante publicado en Marketing Science, que demuestra que, en el mercado de libros, con autores muy establecidos, las críticas negativas del New York Times producen un descenso en las ventas del 15 por ciento. Y las críticas positivas un aumento de entre el 32 y el 52 por ciento. Pero con autores desconocidos, el simple hecho de que te revise el New York Times, hace que, aunque la crítica sea negativa, las ventas aumenten un 45 por ciento.

La condición, por tanto, para que la publicidad negativa sea positiva es que tu punto de partida sea la oscuridad: que no se te conozca. Para pequeñas marcas luchando por el reconocimiento público, por tanto, hacer alguna gamberrada y provocar que hablen mal de ti puede ser una buena estrategia. Lo malo se olvida y queda el recuerdo de la marca, según se deriva de la misma investigación. Los autores del estudio ponen Borat, la película, como ejemplo. La imagen que trasladaba de Kazajistán era terrible, pero las ventas de viajes al país se multiplicaron por cuatro.