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Apuntes sobre valoración de los líderes y candidatos

Lunes, 17 de Mayo de 2010

1. A pesar de lo que se dice, no es verdad que la política esté cada vez más personalizada. Las investigaciones al respecto son contradictorias.

2. En sistemas presidenciales como el estadounidense y los latinoamericanos, la confrontación se produce entre un presidente y un partido sin cara definida, porque el adversario sólo se conoce cuando queda poco para la elección. En Europa la política está más personalizada porque hay confrontación entre dos líderes.

3. Gobernar suele acarrear descenso en la popularidad. Un autor afirma irónicamente: “Si un presidente quiere ser popular al dejar el cargo, o 1) es Dwight D. Eisenhower, o 2) debe presentar la dimisión el día después de su nombramiento” (Mueller en “Presidential Popularity from Truman to Johnson“, 1970).

4. Algunos sugieren ciclos regulares: popularidad alta al llegar (efecto “luna de miel”), pérdida en los tres años siguientes, y subida relativa al final del mandato.

5. “La propensión del elector a ajustar sus opiniones en línea con sus predisposiciones y preferencias políticas ha sido interpretada tradicionalmente a partir de la necesidad de evitar la disonancia cognitiva y mantener el equilibrio perceptivo. El individuo se siente más cómodo cuando la información que recibe es coherente con sus opiniones. Si no es así, experimenta una sensación de disonancia cognitiva, un malestar psicológico que le empuja a reconciliar sus opiniones con la información discrepante. La distorsión desempeña así una función psicológica que consiste en preservar la coherencia interna, evitando potenciales conflictos e incoherencias y protegiendo al votante de las complejidades de la vida política”.

6. El partido es un atajo: los ciudadanos y ciudadanas son perezosos en el uso de los recursos coginitivos. Recurren a atajos como los partidos para compensar su falta de información política. El individuo no tiene así que evaluar cada cosa, sino que cada cosa queda acoplada en su estructura cognitiva rápidamente.

7. De hecho, el elector presta más atención a la información que se ajusta a sus preferencias.

8. Cuando alguien evalúa la personalidad de un líder, está ahorrando esfuerzo, tiempo y dudas sobre asuntos políticos. En el líder resume un montón de información política diversa.

9. Pero la consideraciones personales sólo importan en la medida en que dan sentido a argumentos justificables públicamente. A asuntos políticos relevantes para una población.

10. Los medios conceden más tiempo a los candidatos con mejor apariencia física y con más habilidades comunicativas, atendiendo a criterios de pantalla.

11. Hay abundante literatura científica sobre la influencia de las características físicas y cómo éstas ofrecen claves a los electores. La apariencia física condiciona la percepción de competencia  e integridad. Ligeras alteraciones en la fisionomía de los candidatos pueden tener el mismo efecto. Un simple retrato de los candidatos permite a la gente precedir si ganarán o perderán con bastante precisión.

12. Se tiende a identificar lo masculino con los instrumental (fuerza, decisión, estabilidad, control) y lo femenino con lo expresivo ( empatía, compasión, dedicación).

13. La educación, la sanidad, los asuntos sociales, en el tipo femenino. La defensa y las finanzas, en el tipo femenino.

14. No hay conclusiones científicas en cuanto al papel del género del candidato en la elección.

15. Los candidatos suelen tener mejores resultados en sus lugares de procedencia.

16. Hay muchas taxonomías de los atributos del liderazgo, pero dos emergen en casi todos los estudios: Compentencia e Integridad.

17. ¿Cuáles de las características influye más en la valoración? Depende del contexto. Por ejemplo: antes del Watergate, Nixon gozaba de una reputación de hombre honesto y recto. Clinton ya había tenido líos sexuales antes del caso Lewinski. La respuesta del público no fue la misma, entre otras razones, porque sus expectativas eran muy distintas en cada uno de los dos casos. Castigaron a Nixon y no a Clinton.

18. Aunque la gente de hoy está más formada que la de ayer, no tiene un mayor conocimiento político.

19. No está nada claro que a los sofisticados (más formados, más “racionales”, más cultos) les importen más los temas y menos los personajes, o que los menos formados prefieran guiarse por los personajes más que por los temas. Hay resultados contradictorios en las investigaciones. Todo depende del contexto.

20. Se ha constatado que al ver un debate por televisión se da más importancia a los asuntos personales y menos al contenido sustantivo de las discusiones, en comparación con quienes escuchan el debate por radio.

Extraído del libro Líderes políticos, opinión pública y comportamiento electoral en España, de Guillem Rico (CIS, 2009). Una excelente tesis doctoral que es la mejor compilación teórica y de datos que he visto sobre la cuestión. Imprescindible para académicos. Qué buenas son estas monografías del CIS, y qué feas sus portadas azules inexpresivas.

La fauna de los consultores

Viernes, 14 de Mayo de 2010

Aquí te dejo este artículo sobre la consultoría electoral y la abundancia de impresentables figurones en el sector. Lo acaba de publicar la revista Politics en español. Te lo transcribo aquí también.

Se lo dedico a Daniela y Magali, que se fueron a la cama en Bucarest mientras yo me quedaba un rato escribiendo. Cuando llegué dormían. Al día siguiente nos pegamos un paseo divino por la ciudad destartalada.

Sobre la fauna de los consultores. Carta de un presidente latinoamericano a una candidata

 Querida candidata:

 Me preguntas si debes o no contratar a un consultor internacional para tu campaña. Te diré en primer lugar que los consultores internacionales son como los coches oficiales de marca: quizá no sean estrictamente necesarios, pero si no tienes uno no pareces importante. Por tanto, recomiendo que tengas uno a mano, aunque solo sea por  estética. Es fácil que sus servicios te los pague algún empresario que quiera hacerte un favor. Otras prestaciones  más “tangibles” son más difíciles de sufragar de esa manera, y pocos países en el mundo exigen como México que los consultores sean nacionales. Sí, te explicaré después que un consultor (o una consultora) puede ayudarte más que como simple elemento exótico, pero antes quiero prevenirte de algunos posibles inconvenientes.

 Mi recomendación primera es que busques a alguien de los que se promueven poco. Esos tipos se aplican bien en su negocio y ejercen bien, a veces con exceso, sus propias relaciones públicas, de manera que las campañas que dicen ganar las proclaman a los cuatro vientos y las que pierden no las cuentan nunca. Esto a los políticos nos sorprende mucho, porque casi siempre sabes al empezar una campaña las probabilidades que tienes de ganar. Las campañas son ganadoras o perdedoras ya desde el principio, y luego se hacen bien o se hacen mal. Pero el punto de partida es esencial. Mira, yo he visto en los últimos meses una decena larga de consultores que dicen haber asesorado a Obama (y me temo que a la oreja de Obama sólo llegaban los consejos de sus dos Davids, Plouffe y Axelrod, hoy en la nómina de la Casa Blanca). Sin embargo, aún no he visto a nadie que confiese haber asesorado a McCain (los de Bush lo están quitando de su currículo).

 Desconfía también de quien se apropia de los éxitos, diciendo “gané la campaña del candidato x”. Te tomarán por un yogur y pensarán que eres tonta o que no tienes criterio. Cuando te equivoques (quizá siguiendo su consejo), saldrán por la puerta de atrás con disimulo. ¿Tuviste noticias de la “niña de Rajoy”, aquella con la que el candidato conservador español terminó su primer debate presidencial frente a Zapatero en 2008? El gran fiasco de la campaña. Pues al día siguiente la niña no tenía padre. Nadie se responsabilizó de la tontería aquella: una niña mediocre cuya historia era leída sin sentimiento por el candidato. Los reputados consultores que habían estado con el candidato preparando el debate aún no han reconocido si fueron ellos quienes idearon tal adefesio.

 No te fíes tampoco de los que ponen en su portfolio que “han dirigido 300 campañas” (yo he llegado a ver que alguien decía haber dirigido 600). Si alguien dice haber dirigido 300 campañas, y en el caso de que tuviera 50 años de experiencia, eso significa que dirige cinco campañas al año, todos los años, durante tres décadas. No hay nadie en el mundo, y tú como candidata lo sabes, que pueda dirigir cinco campañas al año y durante tanto tiempo. Puede participar en ellas, pero no dirigirlas, que es muy distinto. El otro día recibí aquí en Palacio a dos consultores internacionales a tomar un café, porque me lo había pedido el presidente Mujica de Uruguay. Me pregunto si habrán apuntado entre sus campañas dirigidas también la mía, aunque aquello fue un café corto y ya sentado cómodamente en la Presidencia…

 Luego viene esa tribu de los que se dicen asesores por enviar un memorando, o por participar en una conversación con el candidato o con alguien de su equipo. Incluso hay quienes cuentan campañas por haber hecho para ellas un vídeo o un argumentario, o por haber hecho un media training. Cuando ganes, candidata, no te extrañe tener noticias de decenas de consultores que dicen haber pasado la noche electoral en tu despacho contigo. Como saben que nadie puede desmentirles…

 Cuidado con los bocazas. El inigualable Dick Morris escribió Behind the Oval Office después de su distanciamiento de la pareja Clinton, y antes de convertirse en uno de los conversos conservadores más frecuentes en la televisión estadounidense. En una de las ediciones del libro, Morris publica incluso los memorandos con que despachaba con el presidente Clinton. Por supuesto, en sus memorias de aquella época inefable de Lewinski e impeachment, Morris es el héroe detrás de cada acierto y el ignorado detrás de cada fallo…

 Yo prefiero, ya digo, contar con gente más modesta a la que no le basta hacerse una foto contigo para decir que te han ayudado. Esos habitualmente no están en los papeles, ni van por ahí contando a quién ayudan. Son como los buenos médicos, los buenos abogados o los buenos sacerdotes, que obviamente no cuentan nada de aquellos a quienes atienden.  

 Hay muy buenos asesores por ahí: gente que por haber estado en más campañas que tú sabe cómo se organiza de forma óptima la tuya. En muchos casos eso es lo mejor que pueden ofrecerte: organización y procedimientos. Te explicarán quién debe formar tu equipo más allá del comité electoral típico y los comités asesores inmensos con los que satisfacer el ego de los políticos amigos. Te anticipo que van a recomendarte rodearte de un equipo pequeño pero sólido. Básicamente ocho o diez personas: tú, dirección de campaña, publicidad, encuestas, medios, movilización, agenda, discurso… Los ocho en la sala de guerra o como lo quieras llamar: núcleo duro, cuartel general, comando de campaña…les gustan las metáforas militares.

 Mi consultor se obsesionaba con la necesidad de mantener todos los días una reunión a primera hora de la mañana para revisar el día anterior, fijar el mensaje del día en que estábamos, prever agenda para la semana siguiente y grandes hitos para el mes, y tomar decisiones en equipo. Yo no estaba en muchas de ellas, porque estaba en el terreno, pero me llamaba mi jefe de campaña para contarme. Funcionaba como un reloj. Hazlo tú también.

 Es mejor que no tengas demasiados interlocutores porque te van a volver loca. De esto todo el mundo cree que sabe. Y cuando tengas el spot ya producido habrá alguien que dirá que mejor un poquito más grande el logo, mejor añadir un artículo al eslogan, o mejor más morado el color de fondo… Es preferible que cuando decidas quién manda en cada área, respetes su mando. En una campaña no hay tiempo para asambleas: no hay democracia sino decisiones, órdenes y ejecución. Perdona que me ponga tan extremo, pero a mi me fue bien así.

 En ese mismo sentido, mejor un consultor que dos, y mucho mejor que tres o cuatro. Como la comunicación no es una ciencia, sino un oficio más bien intuitivo, lo que suele resultar de juntar a cuatro consultores en una sala es más bien explosivo: cuatro pavos luciendo su plumaje ante la hembra (la candidata o el candidato). No, no suele funcionar: no hay acumulación de inteligencia cuando más asesores hay: más bien al contrario. Escoge al tuyo y fíate de él o despídele sin contemplaciones cuando pierda tu confianza. Pero que no te ofendan sus críticas. En buena parte le pagas para que te critique. El o ella tendrá más sangre fría porque los consultores lo ven todo sin servidumbres políticas ni ambiciones personales, tan abundantes en nuestro mundo.

 Si te decides a contratar a alguno de esos consultores, tienes que contar con él o con ella directamente: no lo pongas a reportar a nadie que no seas tú, porque será más frío y más sincero que los miembros de la campaña y eso te ayudará. Esa cualidad la pierdes si reporta a terceros. Un buen consultor no tiene problema en integrarse en el equipo, pero habla con el candidato y da cuentas al candidato.

 Exígele que comprenda tu país, tus circunstancias, tu situación. Que no aplique necesariamente lo que ha visto en cualquier campaña ganadora. Lo que gana en un sitio puede perder en otro. Puede inspirarse, claro, en los trabajos anteriores, pero no debería trasladar nada tal cual a tu campaña, sin adaptarlo.

 No aceptes cualquier cifra. Ellos se dicen entre sí que no se mueven por menos de 200.000 dólares, pero yo he comprobado muchas veces que pueden trabajar por una fracción si el trabajo les motiva, si creen que tú puedes ganar y si piensan que tendrán acceso a una futura presidenta como tú.

 Como sabes, eso de la comunicación política es más un oficio o una artesanía que una profesión o una ciencia. Por eso, si tu consultor te parece intuitivo y más o menos sensato, hazle caso y pídele criterio. Ellos suelen tener una visión más cercana a la del ciudadano medio, no tan sesgada como la de los políticos habituales que te rodean.

 Y, por supuesto, no cometas la famosa falacia del post hoc ergo procter hoc (traducido, “como pasó después, debe ser por lo que sucedió antes”), tan habitual en la comunicación política. Según esta falacia, si ganas todo lo que hiciste estuvo bien: tu estrategia, tu publicidad, tu presencia en la web, tu mensaje, tú misma … y tu consultor. Y si perdiste todo estuvo mal. No es así, por supuesto: hay excelentes consultores que ayudan en campañas perdedoras y malísimos consultores que ayudan en campañas que ganan. Ganar o perder no es el criterio para seleccionar. El criterio debe ser la inteligencia política, la experiencia, el conocimiento del funcionamiento de la opinión pública, la capacidad de trabajo y de organización, y las buenas vibraciones.

 En la fauna de consultores en el mercado creo que podrías distinguir varias especies. Están primero los investigadores, los polsters, los encuestadores: que entiendan de cualitativo y de cuantitativo a la vez. La diferencia entre ambos está más que superada ya y te vendrá bien alguien que maneje los dos métodos: que haga buenas encuestas y también modere buenos grupos de discusión.

 Hay una especie distinta: luminosa, fluorescente, original, un poco freaky: los publicitarios. Es esta especie como el león en el zoo: todo el mundo se fija en él. Un spot de 30 segundos o una valla son muy llamativos y se llevan todos los parabienes y las felicitaciones si se gana. Incluso aunque sean malos anuncios: si se gana, pasarán por buenos. Ya sabes “post hoc ergo procter hoc”. Pide a tus creativos que hagan anuncios para ganar elecciones, no para ganar un león en Cannes.  

 Cuídate mucho de caer en las garras de la especie de los consultores 2.0. ¡Cielos, éstos se han multiplicado como conejos en los últimos años, especialmente desde lo de Obama! Te ofrecen lo de Obama como si tú fueras Obama: como si tu país fuera Estados Unidos, tu partido el Partido Demócrata o el Center for American Progress… Ofrecen todos lo mismo. Ya sabes: un millón de amigos en Facebook, en versión Roberto Carlos 2.0; un canal en Twitter para convencer a los convencidos, etc. No pagues más de lo que cuesta, por favor, y que te lo tengan en quince días, que ya está todo inventado y lo que esté por venir no ha llegado aún.

 Creo que quien mejor te podrá ayudar es la especie de los narradores, los story tellers, una nueva pero pujante especie de consultores que te hablarán de relatos y escenografías. Yo he aplicado la metáfora dramática en mi campaña y funciona. Funciona muy bien y puedo explicarte cómo en un par de horas.

 Ojalá encuentres un mirlo blanco de esos que entienden de todo sin arrogarse excelencia en nada. Alguno de esos que ha estado en un puñado de campañas bien, y no en un centenar mal. Uno de esos que sabe trabajar en equipo, que deja buena impronta en el candidato y en su equipo, y muestra inteligencia y eficacia. Alguno de esos consultores que no hace ruido al entrar y tampoco al salir.

 Mucha suerte, candidata.

Gran Bretaña: Elecciones Radio 2.0

Jueves, 13 de Mayo de 2010

Philip Cowley, un profesor británico, las ha llamado las “Elecciones de la Radio 2.0″. Una vez más, los supuestos efectos de Internet en la política se han quedado en una fracción de lo prometido, y los medios de masas han vuelto a triunfar. Así ha sido, en efecto, en las elecciones británicas.

¿No se cansarán nunca los medios de las noticias sobre la próxima revolución gracias a Internet?, dice Cowley. Traerían la democracia a China. Twitter cambiaría el régimen en Irán (donde menos de un 1 por ciento de la población tiene Twitter)… Algunos datos referidos a Reino Unido.

a) El momento de cambio más claro fue el primer debate electoral, con la sorpresiva victoria de Clegg, que cambió la dinámica de la campaña: la televisión, por sorprendente que parezca, nunca había dado en Reino Unido un debate entre candidatos. Eso sí que fue novedoso.

b) El momento más memorable de la campaña fue cuando Brown fue sorprendido a micro abierto llamando a una señora mayor “prepotente” (bigoted: a aquello se le llamó el “bigotgate“). Un simple micrófono y una cámara de televisión: nada que ver con Internet.

c) Internet no produjo nada memorable: un candidato menor que puso no sé qué en Twitter y tuvo que dejar la carrera, y algunos vídeos virales.

d) Una encuesta de Opinion Matters nos contó que sólo el 9 por ciento de los ciudadanos esperaba obtener información sobre la campaña en Internet, comparado con el 63 por ciento que acudiría a la televisión, 47 por ciento a los periódicos, y el 27 por ciento a la radio.

Claro que esto no tiene gracia para las noticias….

Un ensayo sobre el humor en las campañas

Domingo, 9 de Mayo de 2010

Carmelo Moreno, colega y profesor de la Universidad del País Vasco, ha publicado un artículo en la Revista Española de Ciencia Política, que describe el uso del humor en la campaña electoral de 2008 en España. Se titula El ‘Zejas’ y ‘La niña de Rajoy”, y demuestra un mejor uso del humor por parte de Zapatero que de Rajoy. Hace un análisis de los vídeos (unos 600) que rodaron por la web, y también las especificidades de cada uno en la campaña electoral.

La introducción del artículo, las referencias a la Sonrisa de Maquiavelo, y la diferenciación de los tres tipos de humor, son una excelente referencia al uso del humor en la política.

Carmelo presenta su investigación en Bilbao, el sábado 19 de junio en nuestro Encuentro de ACOP, en la parte de comunicaciones académicas.

Atención: “sofisticados” votando

Sábado, 8 de Mayo de 2010

Ayer publicó El Mundo este artículo en el que llamo “sofisticados” a los contagiosos jóvenes que activan movimientos de apoyo a políticos no convencionales como Clegg en Gran Bretaña, Enríquez Ominami en Chile, Obama en Estados Unidos, ahora Mockus en Colombia y, tímidamente, Rosa Díez en España.

Te dejo aquí la versión anterior, algo más larga, que me pidieron que recortara. Buen y sofisticado fin de semana:

Cómo seducir a los “sofisticados”

Un fenómeno político recorre el mundo. De él podría depender en estos días la presidencia de Colombia. Con menor intensidad, pero marca también los cambios en la política británica en vísperas de las Elecciones. Ha sido el factor determinante de la victoria del conservador Piñera en Chile. Podría elevar a la presidencia de Perú a un escritor irreverente. Y, por supuesto, aupó a Obama a la presidencia de Estados Unidos.

            Ese fenómeno es la movilización de quienes podemos llamar “los sofisticados”: un grupo nada despreciable de aproximadamente un cinco por ciento del electorado, de entre 18 y 35 años. Los sofisticados son jóvenes desvinculados de la política tradicional por desencanto. No les gustan los partidos convencionales, aunque no necesariamente desprecian la política; de hecho están dispuestos a movilizarse si se les seduce con maneras nuevas. No se afilian a los viejos partidos, pero defienden sus posiciones – generalmente progresistas – en la web, visten la camiseta de las causas que defienden, participan con emoción y contagian su activismo al resto del electorado. Los sofisticados son jóvenes bien educados, muy activos en Internet, no se dejan convencer con eslóganes simples, son muy críticos y tienen un punto irreverente que les hace autónomos y poco disciplinados.

            El potencial de los sofisticados se mostró con toda su fuerza en las elecciones estadounidenses que dieron la victoria histórica a Obama. Fueron ellos quienes iniciaron desde Chicago la ola de “esperanza” y “cambio”, años antes de que empezara la campaña oficial de demócratas y republicanos. Organizing for America y el Center for American Progress, fueron su origen. Aún hoy cientos de jóvenes siguen activando el apoyo externo al presidente en los aledaños de la Casa Blanca.

Antes en España fueron los jóvenes activos y sofisticados quienes lideraron las protestas contra la gestión del naufragio del Prestige y luego la Guerra de Irak en tiempos del presidente Aznar, en los prolegómenos de lo que sería luego la victoria electoral de Zapatero. Hoy muchos de ellos parece que prefieren opciones nuevas, como la UPyD de Rosa Díez, cuando el proyecto Ciudadanos se da ya prácticamente por muerto.

En Chile, un joven llamado Marco Enríquez Ominami desafió la política convencional rompiendo con la Concertación y presentándose a las elecciones como opción autónoma. Quedó tercero, fracturó al oficialismo y Frei perdió. Piñera, el ganador, entendió bien la importancia de los sofisticados y por eso hizo una campaña muy centrada en ellos. Su corta distancia de sólo cuatro puntos muy probablemente fue gracias a ese voto joven imprescindible.

            Ahora los sofisticados británicos parecen estar con el joven político revelación del momento, el liberal-demócrata Nick Clegg, aunque en su caso la participación se articule en el último minuto.

En Colombia, que tiene primera vuelta presidencial el 30 de mayo, Antanas Mockus desafía con su “marea verde” a Juan Manuel Santos, el candidato “oficialista”, gracias al apoyo de Sergio Fajardo y su joven movimiento alternativo.

Y en Perú, el heterodoxo periodista, escritor y humorista Jaime Bayly podría disputar la presidencia a los políticos convencionales, para lo cual necesitará a su amplia parroquia de seguidores sofisticados.

            En todos los casos, el fenómeno es similar: unos cuantos jóvenes se unen en la forma de un movimiento alternativo a la política tradicional. La esencia de ese movimiento es la participación horizontal frente a los políticos de siempre, en defensa de “otra manera de hacer política”. Internet es el punto de reunión prioritario. Los movimientos siempre son optimistas, en positivo, con poca pelea política y mucha emoción. Los jóvenes construyen su propio material de campaña, y distribuyen vídeos y fotografías que expresan la creatividad colectiva. Los sofisticados toman la política como una fiesta alegre. Se sienten parte de un movimiento porque no se consideran instrumento del poder. Incluso cuando lo conquistan, como en el caso de los Estados Unidos, siguen peleando “contra los intereses de los políticos tradicionales”. Aunque pueden moverse en la defensa de lineamientos conservadores, tienen un punto progresista por contestatario, y porque dan por asumidos y defienden los derechos sociales clásicos o nuevos. Los sofisticados son demócratas de nuevo cuño, que reniegan de los enfrentamientos tópicos de la política según la metáfora izquierda-derecha.

            En 1962 Everett Rogers publicó su ya clásico trabajo La difusión de las innovaciones. Allí explicaba el papel clave de los “innovadores”, un grupo de un 3 por ciento aproximadamente, que estaba en el origen de la extensión de las novedades tecnológicas. Los innovadores – que luego el divulgador Malcolm Gladwell llamaría “mavens” en su libro El punto clave – son los frikis de la teconología. Los sofisticados son los frikis de la política. Son ellos quienes inician movimientos que luego se extienden al resto del electorado. Por eso, por su poder innovador y de contagio, son tan importantes.

            ¿Cómo seducir a esos jóvenes tan resistentes a la frasecita fácil y la cerrazón ideológica convencional y tan poco dados a afiliarse a partidos políticos de afiliación y argumentario?

            Es necesario ilusionarlos con la idea de cambiar la política, paradójicamente desde la política. Los sofisticados quieren influir en el poder cambiando su configuración. Luchan contra los intereses de los poderosos en causas como el medio ambiente, los derechos sociales, la transparencia en la gestión pública, la resistencia ante los poderes fácticos de siempre. No les gustan las corbatas ni las moquetas ni los palacios: quieren líderes descamisados, frescos, distintos, que bajan a la calle. Donando unos cuantos euros a su movimiento compran su pequeña cuota de poder transformador. Pagando la cuota de un partido político tradicional se unen a los políticos tradicionales a los que desprecian. Pero regalando su dinero a una causa específica la hacen suya frente al poder establecido. Puede parecer lo mismo pero no lo es.

            Se sentirán atraídos por rótulos distintos de los de los partidos. Los sofisticados no quieren apoyar al PSOE o al PP, pero se movilizarían por causas defendidas por organizaciones distintas, aunque supieran que detrás pueden estar las máquinas partidarias. Los socialistas franceses, por ejemplo, han creado la Cooperativa Política, como vía para la movilización de los jóvenes. Organizing for America es una iniciativa del Partido Demócrata, pero sólo se ve en las letras pequeñas al final de la página de inicio del portal en Internet.

            Los sofisticados exigen respuestas y reconocimiento: no aceptan una política unidireccional y descendente. Quieren interactuar y exigen un diálogo multidireccional. No quieren argumentarios sino emociones. Quieren que se les pidan cosas, pero también que se les de las gracias. Los jóvenes (y no tan jóvenes) que rodean al presidente Obama en los actos públicos no son de las juventudes demócratas, sino aquellos que tienen una puntuación mayor en su índice particular de participación, y que aumenta en función de los eventos que organizan, los correos, cartas y llamadas que emiten y el dinero que donan. El jefe de la operación de tierra de Obama nos contaba en Washington que los voluntarios no querían ni necesitaban argumentarios clásicos para llamar a la puerta de los electores. Claro que no: tenían el relato bien claro y podían defenderlo con facilidad: cambio y esperanza frente a los políticos de siempre.

            Yo no soy precisamente un sofisticado al uso, y no voto en Estados Unidos, pero tengo mi buzón lleno de mensajes del mismísimo presidente, de Biden, de David Plouffe y de una decena más de “jefes”. Aún no he recibido el primero de mi Gobierno en España, aunque he trabajado y trabajo para él.

            La ilusión, el optimismo, el espíritu positivo, sustituyen a los eslóganes y las frases de prontuario. Pero en la organización de un movimiento de sofisticados hace falta tiempo: atraerlos requiere un esfuerzo de difusión que generalmente se hace uno a uno. No sirve hacer una campaña publicitaria para captarlos. Los sofisticados acuden a la llamada de otros sofisticados como ellos, no de la publicidad. Además, la web requiere mucho tiempo para que las redes maduren. Con un mínimo en Internet, sus causas “subirán” luego a los medios de masas tradicionales y eso multiplicará también su importancia y les hará objeto de atención por la opinión pública tradicional.

            Los sofisticados se mueven con el combustible de las emociones, animados con la causa de la “antipolítica” y con espíritu constructivo y crítico. Cuesta seducirlos, pero empiezan a resultar imprescindibles para ganar elecciones en buena parte del mundo.

En Colombia, Santos aplica el manual

Miércoles, 5 de Mayo de 2010

En las encuestas previas a la primera vuelta presidencial para el día 30 de mayo, osea ya, Mockus y el Partido Verde le disputan al ex ministro de Defensa el primer puesto.

Santos, que iba sobrado en la precampaña, hizo una comunicación positiva, constructiva, nada crítica. Pero al acercársele el enemigo, ha aplicado el manual que indica que sólo puede ayudarte desmontarlo mediante campañas negativas. Por eso denunció en el debate de la semana pasada directamente a Mockus por estar de acuerdo con la extradición del presidente Uribe a Venezuela si se pidiera (algo que Mockus negó taxativamente luego, pero no con fuerza delante de las cámaras).

Y por eso la campaña ha preparado esta web de baja factura que da mucho miedo: http://colombiadigna.com/index1.html

Santos ha contratado al famoso especialista en política sucia J.J. Rendón, procedente de Venezuela.

Santos y JJ: eso sí que da miedo.

¿Está cerca el final de la carrera política de este joven?

Lunes, 3 de Mayo de 2010

gordon brown college

Puede ser. El jueves votarán los británicos y es más que probable que, como se lleva anunciando meses, gane Cameron y no Gordon Brown, ahora algo mayor que cuando se tomó esta fotografía.

Otras nueve fotografías de líderes polítcos cuando eran jóvenes, bien curiosas, pueden verse aquí, junto con un pequeño análisis de lo que las imágenes anticipaban. Me envía el link mi amiga salvadoreña Elisabeth Fuentes, que comienza a redactar su blog de comunicación política. Animo Elisabeth.

Palin, Clinton, McCain, Obama y Bush: las chicas de oro

Sábado, 24 de Abril de 2010

Un vídeo muy bien realizado que resume la campaña de 2008, sobre imágenes de Las chicas de oro: aquí está.

El vídeo me invita a recordarte que ese sismo site, The Living Room Candidate, tienes ¡todos los spots presidenciales de Estados Unidos desde los años 50 hasta hoy! (o casi todos).

Reflexiones de campaña

Viernes, 23 de Abril de 2010

Luis Costa Bonino, uruguayo, consultor político. No de los “cantacampañas” que dicen haber hecho trescientas, sino discreto, inteligente y experimentado. Le oigo aquí en Montevideo y da algunos consejos y reflexiones interesantes. Gracias, Luis.

  • Una campaña es un nido de víboras y generalmente los problemas vienen de los más cercanos.
  • Para un candidato, una campaña es a veces una parada en una ruta más larga.
  • La frase más universal que escucha un consultor internacional: “aquí somos diferentes”.
  • Nadie es diferente ni igual: cada campaña es distinta, de las de otros lugares y de las de otros momentos.
  • El recurso más imporante es el tiempo del candidato.
  • El dinero es como las vitaminas: hay que tenerlas, pero a partir de cierta dosis ya no producen efectos.
  • Es bueno que en el comité de finanzas estén los donantes más destacados, para canalizar ahí sus opiniones.
  • Buenas encuestas hacen buenas finanzas.
  • Cuanto más grande es el distrito, más campaña de aire. Cuanto más pequeño, más campaña de tierra.
  • La gigantografía solo tiene el sentido de dar poder al candidato: a través de una presencia imponente de su cara. 
  • Los spots familiares siempre funcionan, pero especialmente al final de la campaña.
  • No se puede ganar una campaña contra los colores del partido, pero sí dar a esos colores una nueva significación. Resignificar sí, renegar no.

Por otro lado, puedes descargarte aquí su librito breve Manual de marketing político.

Los relatos de Omar y los telepresidentes

Lunes, 19 de Abril de 2010

Me reencuentro en Montevideo con mi amigo Omar Rincón, periodista colombiano brillante y bloguero en www.lasillavacia.com, uno de los sitios de referencia en Colombia.

Omar me cuenta su decálogo de la comunicación política:

  1. No basta con ser, hay que parecerlo.
  2. Se gobierna para un espectador / televidente.
  3. Es necesario un relato épico de país.
  4. El presidente se convierte en una celebridad, y como tal hay que exponerla.
  5. Se ha de suscitar una emoción colectiva.
  6. Se elegirán tres ejes de gobierno como máximo.
  7. Ha de mostrarse un estilo que consistirá en la idea de confrontación con los privilegiados. Hay en ese sentido que reinventar la patria.
  8. El pueblo es el inspirador ideológico y estético.
  9. Todo es símbolo.
  10. El Estado se convierte en Estado comunicador.

A esto lo llama Omar “Democracia emocional” (también “melocracia”, por lo de melodrama; y añado yo “emocracia”).

Y de ahí derivan los arquetipos latinoamericanos que Omar nos ofrece. Por ejemplo:

  • El afroamericano Obama, sueño americano, retórico.
  • El socialista Lula, “nunca antes…”, poeta popular.
  • El hacendado Uribe, “sin las FARC…”, el mayordomo.
  • El militar Chavez, por la revolución, el Caribe.
  • El indígena Evo, defensor de la tierra, la coca.
  • El migrante ilustrado Correa, que eleva la autoestima, profesor.
  • La mujer Bachelet, la ciudadana, la madre, la víctima, la solidaria.
  • El guerrillero Mujica, la libertad, el saber del mate y la chacra.
  • El cura Lugo, la fe, el misionero.
  • El periodista Funes.
  • El empresario Piñera o Martinelli, gente solvente de éxito.

Te recuerdo que tienes en la web gratis su libro Los telepresidentes, que te recomiendo vivamente si te gusta este asunto.