He escrito en otro lugar que “Europa necesita un relato”. Sí: creo que Europa debe apelar a sus mitos fundacionales, a sus “enemigos”, a sus ritos comunes, a su himno (maravilloso) y a su bandera (inocua y amable). Europa debe celebrarse con patriotismo. Europa necesita más emoción y menos razón, menos burocracia… Si no, Europa se convertirá pronto en el “museo del mundo” y seguirá sumida en la crisis actual de identidad.
Descubro en La geopolítica de las emociones, libro de Dominique Moïsi, que el legendario presidente de la Comisión, Jaques Delors se opuso a ese principio. Transcribo a Moïsi:
“¿Sería acaso la confianza personal de Europa mayor si el amenazado nacionalismo de los países individuales hubiera sido reemplazado por un patriotismo unificado dirigido a todo el continente? Jamás lo sabremos, ya que los fundadores de la Unión Europea deliberadamente eligieron no promover tal patriotismo continental. Jaques Delors, quien encabezó la Unión desde mediados de los ochenta hasta mediados de los noventa, y quien fuera quizá su presidente más destacado, se oponía radicalmente a la creación de tal ‘emoción europea’. Para él, ‘ el patriotismo significa guerra’. Como resultado de esta visión de condena, uno teme que las emociones nacionales estén regresando con más fuerza, siendo la existencia de una comunidad de intereses nacionales la única barrera racional que pude limitar su impacto negativo.
En Varsovia estuve presente en la ceremonia de ingreso de Bulgaria y Rumanía a la Unión Europea. Los himnos nacionales fueron interpretados con fervor y emoción, mientras que el himno de la Unión, la Oda a la Alegría de la Novena Sinfonía de Beethoven, fue tocado con discreta indiferencia. La diferencia simboliza la brecha emocional entre nuestras identidades nacionales y nuestras identidades como europeos”
El libro de Moïsi es sumamente interesante (y simple). El mundo se maneja también por las emociones, y sus relaciones pueden entenderse en clave emocional. Según la atractiva tesis del autor, catedrático de Harvard y presidente del Instituto Francés de Relaciones Internacionales, el miedo domina en Europa y Estados Unidos. En Chindia (India y China) predomina la Esperanza. Y el Islam está dominado por la sensación de humillación. A partir de ahí, Moïsi describe la lucha de esas emociones a veces encontradas.
Buena lectura, quizá excesivamente simple, pero interesante.
Vuelvo a mi fría, vieja y racional Europa… Embarco en una hora.