Hacía más de una década que no venía a Orlando. Pasé en Florida un año, enseñando en la Universidad, y cada vez que alguien venía de visita me ofrecía voluntario a llevarle a los parques, que siempre me encantaron. No era consciente entonces de la poderosa fuerza de Disney al trasladar los valores estadounidenses más conservadores. Mattelart y Dorfman ya lo dejaron claro en Para leer al pato Donald
No entendí entonces el profundo significado del Hall of Presidents, una atracción del Magic Kingdom en la que una selección de robots representando a los más notables presidentes habla del sueño americano, de la libertad, de los pioneros, etc. Tampoco el significado de The Carrousel of Progress, una maravillosa atracción ideada por el propio Disney para una exposición universal en los 60 y que aún se ve en el parque. Allí se ve la evolución de la familia clásica de los años 20, y luego 30, 40, y 60, más o menos. Claro que la evolución es de la electricidad, la tecnología de la comunicación, etc, porque la familia mantiene sus principios: el padre sentado habla, la madre trabaja cocinando, cosiendo, planchando. Hay un niño y una niña obedientes y sólo ligeramente rebeldes, y están los abuelos y el perro. En la secuencia del carrusel se celebra la permanencia de las fiestas tradicionales: 4 de julio, Acción de Gracias, Navidad… Progreso relativo.
No he ido, pero me habría gustado visitar The Holly Land Experience, un increíble parque temático sobre el cristianismo, ideado por un judío converso al baptismo.
Y he alucinado con la atracción estrella de la zona de Harry Potter. Puro storytelling como cada atracción de los estudios Universal. Haces la cola en el invernadero anexo a la escuela de Hogart, entras en sus oscuras y mágicas salas en las que un holograma increíble de Harry y sus amigos te piden ayuda, y los cuadros te hablan. Y entonces montas en un cacharrito con el que literalmente sientes con los cinco sentidos la aventura: vuelas detrás de la escoba de Harry Potter, te enfrentas con un dragón que te echa fuego por la boca, hueles el azufre, el cacharro se mueve, da vueltas y te agita, por los lados ves momias y monstruos que no sabes si son imágenes o muñecos… Emoción increíble.