Es muy probable que no sepas verbalizar qué significa ser progresista o ser conservador, pero la mayoría de la gente es capaz de distinguir ambos conceptos implícitamente, a través de metáforas y símbolos.
Esta identificación natural existe y está en parte inserta ya en nuestros genes. Depende de la medida en que modulamos los llamados “fundamentos morales” que todos tenemos. Jon Haidt ha identificado cinco: Protección, Justicia Social, Autoridad, Pertenencia y Pureza.
Los progresistas tienen elevadas las dos clavijas primeras, las de la protección y la justicia, por lo que tienden a la inclusión (como el círculo), a la igualdad y la nivelación (como la línea horizontal), a la acogida reflejada en el estereotipo femenino (como el óvulo), y también, en contraste con los conservadores, a la creatividad (como en la poesía), a la rebeldía (como es típico del rock) o a la ausencia de identidades o pertenencias fuertes (como Europa frente a Estados Unidos).
Los conservadores tienen más elevadas las otras tres clavijas: la del sentimiento de pertenencia, la de la valoración y respeto a la autoridad, y la de la alta concepción de lo sagrado y la pureza. Por eso valoran más la competitividad masculina (como la del espermatozoide), la autoridad (vertical), la rectitud y el rigor (como en las matemáticas y los números), y la tradición y la fuerte identidad (como en Estados Unidos o como suena la música clásica).
Incluso las bebidas tienen ideología: el café es progresista y el té conservador.
Hemos querido mostrar la existencia de dos imaginarios distintos mediante una encuesta que es posible que tú misma o tú mismo completaras en los últimos diez días. Y los dos imaginarios existen claramente.
Por orden de claridad en la identificación de los conceptos, el rigor es conservador (para el 82% de quienes responden) y la creatividad progresista (91%); la música clásica conservadora (76%) y el rock progresista (90%); el frío conservador (75%) y el calor progresista (73%); Estados Unidos es conservador (para el 72%) y Europa progresista (59%); las matemáticas son conservadoras aunque no tanto (56%), a diferencia de la poesía que es claramente progresista (72%); por eso también, aunque un tercio de la gente no sabe decantarse, el 1 es conservador (47%) y la A progresista (38%); lo vertical es conservador (63%) y lo horizontal progresista (63%); el círculo resulta así progresista (60%), y la línea recta conservadora (55%); de nuevo los que no saben son muchos, el 25% en este caso, pero el espermatozoide es identificado mayoritariamente como conservador (40 por ciento frente a 35 que lo considera progresista), frente al óvulo que se identifica con lo progresista (48 por ciento, frente a 29); son más, en fin, los que creen que el café es progresista (54 frente a 33) y más los que creen que el té es conservador (56% frente a 32%).
Sí, las ideologías existen, están ahí, en forma de conceptos, de valores morales y, en última instancia, de propuestas políticas y de marcos de interpretación de la realidad. Se utilizarán más o menos, estarán más o menos extendedidas o más o menos claras, pero las ideologías existen ya en nuestro código genético.
La lista de símbolos y metáforas conservadoras/progresistas podría haberse extendido a los bancos frente a las cajas de ahorro, al campo frente a la ciudad, a la Barbie frente a las Bratz, a Coca-Cola frente a Pepsi, a Viena frente a Nueva York, al azul frente al rojo, a Dios frente al Diablo, a la puntualidad frente a la impuntualidad, a la cicatería frente a la generosidad, al silencio frente al ruido, a la seriedad frente a la alegría, a Mercedes frente a BMW, al realismo frente a surrealismo …
Ficha técnica de la encuesta: 127 entrevistas voluntarias contestadas por Internet entre los días 27 de septiembre y 6 de octubre de 2010. Resultados aquí. Error de muestreo de 8.8% para p=q=60 y nivel de confianza del 95.5%. CUESTIONARIO. RESULTADOS.