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Explosión “patriótica” a cuenta de bin Laden

Miércoles, 4 de mayo de 2011

GOT HIM! (BIN LADEN IS DEAD)

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Han tardado horas los fabricantes de camisetas (20 dólares), tazas ($15), abrigos para perros ($18), gorras ($15), corbatas ($35) y demás baratijas en celebrar la muerte de Bin Laden a través de una oferta numerosa de productos de gusto dudoso.

Como explica a USAToday el antropólogo Grant McCracken, autor de Chief Culture Officer: How to Create a Living, Breathing Corporation  “la gente lleva estas cosas para infligir la indignidad final a bin Laden; y 25 dólares no es mucho dinero para ganarte un puesto en el acto nacional de ponerle en ridículo.”

Esta explosión de júbilo colectivo tiene efecto, por tanto, en la cultura popular, pero su origen está en la neurología (la venganza es dulce, literalmente: satisface ciertas zonas del cerebro como lo hacen el sexo, las drogas y el rock&roll) y en la sociología (la muerte de bin Laden es el cierre de una narrativa colectiva que comenzó brutalmente con el ataque a las Torres Gemelas).

El efecto de congregación en torno al acontecimiento de la muerte del malo por el superhéroe, tan americano, se percibe en la audiencia millonaria que tuvo el discurso de Obama anunciando la operación. Con 56 millones y medio de estadounidenses (habría que añadir la gente de otros países) mirando la televisión en directo el domingo por la noche, el breve discurso de nueve minutos del presidente fue el más escuchado de su mandato.

Según las encuestas, la mejoría en la valoración de Obama es sólo relativa. Algunos datos favorables: el 93 por ciento aprueba la operación militar; el porcentaje que cree que Obama es un lider “fuerte y con decisión” ha subido cinco puntos, hasta el 58 por ciento. Otros datos más modestos: La aprobacion sólo sube un punto, cuatro todo lo más. Cuando en 2003 Bush anunció la captura de Sadam, su aprobación aumentó ocho puntos. Algunos esperan que se produzca un efecto mayor de “cierre de filas” (rally round the flag), que eleve su puntuación en los próximos días.

¿Cómo evitar la difusión de teorías de la conspiración?

Miércoles, 20 de abril de 2011

Que el ataque a las Torres Gemelas fue en realidad organizado por la CIA (una amplia mayoría de árabes cree que el origen fue estadounidense); que el 11M en Madrid fue organizado con ETA (lo creía en su momento casi un 20 por ciento de la población española); que el hombre no llegó a la Luna sino que fue  un montaje; que la CIA (siempre la CIA) mató a Kennedy…

Una teoría de la conspiración es “el esfuerzo de explicar una práctica o un suceso con referencias a las maquinaciones de los poderosos, que se han encargado de ocultar su papel”. Así la definen Cass Sunstein y Adrian Vermeule en un trabajo muy interesante titulado “Conspiracy Theories“. Me lo pasa Oscar Santamaría y se lo agradezco.

Obviamente, no todas las teorías conspirativas son peligrosas. Hay una que se mantiene desde hace siglos, que dice que un líder misterioso llamado Papá Noël, con la ayuda de miles de elfos, trabaja en un lugar remoto para distribuir regalos a los miembros más jóvenes de la sociedad en la Nochebuena. También hay otra que habla de un ratón que colecciona dientes. Otras creencias falsas no son conspirativas: por ejemplo, que no hay cambio climático.

Las teorías conspirativas surgen y se expanden de una manera peculiar. Primero, por lo que Sunstein y Vermeule llaman “epistemologías amputadas”, es decir, por la ausencia de información correcta y racional. Por ejemplo, hay más teorías conspirativas donde la gente no tiene información libre, como en las dictaduras o los países pobres.

Segundo, los rumores y la especulación. Hay gente que se lucra con el rumor (en España tenemos algunos buenos ejemplos en las televisiones comerciales). Otra simplemente disfruta difundiendo fantasmadas.

Tercero, se producen cascadas de información, que varían en función de la información disponible, en función de la reputación de las fuentes y en función de la polarización social.

¿Qué pueden hacer los gobiernos que afrontan la difusión de una teoría de la conspiración? El dilema es relevante porque en muchas ocasiones (no siempre, claro), las teorías pueden hacer daño, poniendo en cuestión el sistema, provocando reacciones violentas o simplemente distrayendo la atención de asuntos más relevantes.

La propuesta de nuestros dos autores es la “infiltración cognitiva” en los grupos que promueven estas teorías. La infiltración cognitiva significa que se trabajen los argumentos contrarios, que se cuente con terceros creíbles que desmonten la teoría, y que se converse informalmente con los promotores de la teoría.

“Esperar y ver” cómo la teoría se agranda no suele ser rentable, porque cuando quieres actuar es demasiado tarde. Pero, por otro lado, dedicarse a desmontar todas las teorías conspirativas puede ser agotador y poco rentable. Desmontar sólo unas teorías conspirativas pero no todas, dicen los autores, tiene el efecto de legitimar todas las que no son desmontadas. En resumen, lo que parece más práctico es ser selectivos en las teorías que se trata de desmontar, y dedicar buenos esfuerzos a hacerlo, pero no dejar ninguna relevante sin tratar.

¿Dónde deben desarticularse las teorías conspirativas? ¿En el lado de la oferta – es decir, frente a los que las promueven – o en el de la demanda – ante el público? Debe encontrarse un equilibrio. Parece adecuado contar con terceros no oficiales que ayuden a aclarar la verdad: terceros aliados que deben ser expertos reconocidos por su trabajo, y que actúan “en su propio nombre”, aunque sea con información proporcionada por los gobiernos en bambalinas.

Sunstein y Vermeule proponen una vía expeditiva para desmontar teorías conspirativas, que denominan, como anuncié más arriba, “infiltración cognitiva de grupos extremistas”. Se trata básicamente de introducirse en los grupos generadores para explicar las debilidades cognitivas de la teoría: con presencia de agentes del Gobierno, y de terceros aliados, en las redes sociales, en los grupos de discusión virtuales o físicos, en los medios que los extremistas utilizan… Los autores dicen que no hay por qué ocultarse necesariamente. Algunos agentes que hablan árabe representaron al Gobierno de Estados Unidos ante los grupos de discusión on line, explicando las debilidades de algunas teorías peregrinas antiamericanas que andan por la red.

Terminan su artículo los autores con esta cita, que traduzco:

Algunas teorías conspirativas generan riesgos serios. No se limitan a minar el debate democrático; en casos extremos, pueden crear o fomentar la violencia. Si el Gobierno puede diluir esas teorías, debería hacerlo. Un problema es que sus esfuerzos pueden ser contraproductivos, porque los esfuerzos para desmontar las teorías también las legitiman. Hemos sugerido, sin embargo, que el Gobierno puede minimizar este efecto si desmonta más bien más que menos teorías, si lista los grupos que pueden ofrecer réplicas a las teorías, y si utiliza la infiltración cognitiva, diseñada para romper la epistemología amputada de los grupos que se guían por la conspiración y de las redes sociales aisladas.

Sunstein ha sido un importante asesor de Obama en estas cuestiones, y no cae muy bien a los neoconservadores, como podemos imaginar…

Retórica de Robin Hood

Lunes, 18 de abril de 2011

Me cuentan –  yo aún no la he visto – que Inside Job es sensacional. Un documental sobre la crisis financiera que se concentra en quienes la provocaron. Me dicen que la gente en Madrid apludía al terminar un pase normal de la película, algo extremadamente raro en las salas de cine españolas. Cuentan en Twitter que la ministra de Economía española la vio recientemente, y quizá sea ese el motivo para haber declarado recientemente que “están pagando la crisis los que no la causaron”.

Attac, una de las organizaciones altermundialistas más importantes del mundo, me envía la carta que 1.000 economistas - entre ellos mi amigo Carlos Mulas – han firmado pidiendo al G20 que imponga la famosa Tasa Tobin, ahora también llamada Tasa Robin Hood, la vieja y tan reclamada tasa a las transacciones financieras, que nadie se atreve a aplicar.

MoveOn, la organización estadounidense progresista, me envía un vídeo bien claro y corto en el que un tipo explica rápidamente cómo se ha producido el déficit que ha estado a punto de cerrar el Gobierno de Estados Unidos.

Ayer en las páginas salmon de finanzas de El Mundo, se habla de “los enemigos de España”: por ejemplo, algunos analistas de The Wall Street Journal y el Financial Times (ambos de Murdoch, no se olvide, presidente del Consejo en el que se sienta nuestro afamado José María Aznar por unos cuantos cientos de miles), además de dos o tres influyentes analistas que se permiten insultar al Gobierno de España para cuestionar su credibilidad.

En un artículo también ayer en El País, el premio Nobel de economía progresista Paul Krugman se pregunta qué le pasa a Obama que está tan timorato en la lucha contra los especuladores.

Unos cuantos centenares de jóvenes se concentraron en Madrid hace poco para protestar por la lamentable situación en que se encuentran por cientos de miles.

Telefónica provoca uno de los mayores enfados colectivos que se recuerdan cuando el mismo día – por un lamentable error de coordinación de dos departamentos distintos de la compañía – se hace saber al regulador que se producirán dos hechos relevantes: un ajuste en el 20 por ciento de la plantilla que pondrá en la calle a unos 4.000 trabajadores, y un bonus a los directivos por una millonada. Creo que ha sido el peor día para Telefónica en materia de reputación en los últimos años.

Y hoy mismo, también en El País, el profesor de Economía Antón Costas, habla en su artículo “Quiebra moral de la economía de mercado” de estas mismas cuestiones y del sometimiento de la política “a los mercados”.

Hay, en fin, un ansia de una nueva retórica Robin Hood: quitar a los ricos lo que ganaron de manera desproporcionada e injusta, y devolvérselo a los “pobres”: los millones de ciudadanos que se ven en plena crisis sin haber hecho nada por causarla. Lamentablemente, no ha habido líder europeo alguno que haya tomado esa retórica como bandera. Aquí en España, por ejemplo, Zapatero no hace sino insistir en “tranquilizar a los mercados”, en su preocupación por la prima de riesgo, en reuniones con las mayores corporaciones…

En un estudio de la Fundación IDEAS que aún estamos trabajando, se pregunta a una muestra representativa de la población española si cree que “es malo que el Estado intervenga en la economía porque es mejor permitir el libre funcionamiento de los mercados”. El 80 por ciento cree que es mejor la “libertad”. Pero cuando se pregunta si se está de acuerdo en que “es bueno que el Estado intervenga en la economía porque es necesario luchar contra la acción de los especuladores”, el 90 por ciento también está de acuerdo.

La inmensa mayoría de los ciudadanos europeos, estoy seguro, apoyarían a quien mostrara claramente su voluntad de luchar contra los especuladores, los avaros, los insolidarios, promoviendo normas de control y de redistribución razonables. Como Robin Hood. Pero parece que aún nadie se atreve.

((Y mientras tanto la extrema derecha triunfa en países tan progresistas como Finlandia)).

Los guantes de Michelle: jóvenes multipantalla de la televisión a la web

Viernes, 4 de febrero de 2011

 

El día que Michelle Obama lució sus guantes verdes en la toma de posesión de su esposo, la web de J. Crew, la tienda de moda joven que los vendía, se colapsó. La gente iba de la televisión a la web para obtener más información sobre los guantes.

Así funcionan las cosas hoy. No sólo no hay contradicción entre la television y la web, sino que la primera apoya de manera sustancial a la segunda. Y viceversa.

Mis hijos lo saben muy bien. Bruno, con siete meses, acaricia y golpea al gato Talking Tom de mi iPad mientras sigue fascinado ya las imágenes de Clan Tv. Clara y Daniela (13 y 9 años) y Celia y Luis (15), chatean en Tuenti y con la Blackberry (el último hit de los adolescentes hoy), pero no se pierden sus series preferidas que, por supuesto, quieren ver completas en pantalla de televisión, y a la hora en la que las ve todo el mundo. Luego van a internet y buscan más. Si ven un anuncio en televisión de algo que les gusta, van luego a mirar a la computadora. A veces lo comparten con sus amigos.

Eso que vemos en casa es lo que han cuantificado en un estudio muy interesante, Dan Zigmond de Google, y Horst Stipp de NBC, y que han resumido en una excelente presentación de diapositivas (¡gracias como siempre, Josué!):

  • Los jóvenes entre 18 y 24 años (en Estados Unidos) dedican tres horas y media al día a la televisión, la mitad que sus mayores. Pero el resto del tiempo están entreteniéndose con el ordenador (otras tres horas), y con el móvil (tres cuartos de hora).
  • Pero el 60 por ciento hace dos o más cosas a la vez: es “multipantalla”.
  • De hecho, los “multipantalla” ven tres veces más televisión que aquellos que sólo ven televisión. Es decir, cuanto más estás en internet, más televisión ves, curiosamente.
  • El interés por los guantes de Michelle en la toma de posesión de Obama es un buen ejemplo. Las búsquedas en internet de la película “Cómo entrenar a tu dragón” se multiplicaron por diez al emitir un anuncio en televisión durante los Juegos de Vancouver. Los mismo pasó con el coche Nissan Leaf, que vió multiplicar por veinte sus búsquedas en la web.

En conclusión: coherencia entre la comunicación de la web y de los medios tradicionales; buen posicionamiento en los buscadores; buena capacidad en los servidores para que no se caigan cuando damos publicidad convencional; y conciencia de que nuestros jóvenes, adultos de mañana, están mirando varias pantallas a la vez.

Por qué se venden más botas de cowboy cuando hay crisis

Viernes, 21 de enero de 2011

Eso es lo que explica Jennifer June, una experta en botas de montar. Cuando hay problemas, la gente busca la seguridad y refuerza real y simbólicamente en su percepción y en su evaluación los atributos de fortaleza.

A partir de esa interesante hipótesis, mi cuate Oscar Santamaría hace un artículo que ofreció Público mientras tanto él como Joshua (el Espartaco Santoni de la comunicación política) y yo mismo andábamos por Buenos Aires.

Sí, en época de crisis se venden más botas de cowboy, se rescata el discurso patriótico, a veces extremo, se vuelve a la esencia de la ”Ley y Orden”, se enardecen los ánimos y se polarizan las sociedades. Esos efectos son los que está intentando evitar Obama con su discurso unificador y conciliador. Igualito que el Tea Party y los extremistas de las tertulias de la tele digital aquí en España. (Véase el discurso del presidente en Tucson, ya para la historia - por cierto, una buena ocasión para ver cómo lee Obama sin prompter: lo hace tan bien como con él) .

SI ALGUIEN ECHÓ DE MENOS ALGÚN POST ESTOS DÍAS, LE PIDO QUE ME DISCULPE: VIAJES Y LÍOS. PERO YA ESTOY.

Qué le pasa al alma de los progresistas

Miércoles, 29 de diciembre de 2010

Aquí te dejo este artículo mío que publicó hoy El País, en el que tomo prestadas las ideas de Jon Haidt para hacer un análisis de esta tristeza existencial que inunda a los progresistas del mundo entero. En Europa sólo hay como cinco de 25 gobiernos progresistas, en Estados Unidos Obama lucha con dificultad, y en América Latina parecido, a medio camino entre nuevos gobiernos de derecha y populismos de izquierda.  

Aclaro que en el artículo se dice que soy autor de El poder en escena. Ya quisiera yo. Estoy escribiéndolo más lentamente de lo que me gustaría, y espero publicarlo en 2011.

“Obama no puede ser un activista, un organizador y un legislador al mismo tiempo”

Martes, 21 de diciembre de 2010

Lo dice el profesor Andrew Sabl, autor del libro Ruling Passions, en un memo de The Democratic Strategist que se acaba de hacer público. Obama, según la interesante aproximación del profesor de la UCLA, debería redefinir su propio rol, para presentarse como el “defensor de la Justicia bajo el imperio de la Ley”.

Sabl plantea así una tercera vía a los que critican a Obama por haber renunciado al idealismo del activista y organizador con que se dio a conocer, y a aquellos que le señalan ahora como un puro legislador pragmático. Dice Sabl que:

“Una camiseta que se hizo popular retrataba a Obama quitándose su camisa para mostrar debajo la ropa de Superman. No es mal rol al que aspirar: la Casa Blanca como gran Foro de la Justicia.”

En su memorando, el autor refiere un magnífico documento del Center for American Progress con las cosas concretas que el presidente podría hacer en ese rol.

¡Basta de sabotajes! Llamada de los demócratas frente al extremismo guerrero

Domingo, 5 de diciembre de 2010

El influyente The Democratic Strategist acaba de enviar un memorando pidiendo pararle los pies a los extremistas del Partido Republicano aliados con la Fox y otros. Conviene leerlo porque es una auténtica llamada a resistir frente al simplismo que mete miedo.

Mitad historiador, mitad propagandista: el cámara de Obama

Jueves, 25 de noviembre de 2010

Un artículo del New York Times cuenta el papel que ocupa Arun Chaudhary, el titular del departamento de vídeo de Obama. Desde Reagan como mínimo, un camarógrafo ha acompañado siempre a los presidentes (como sucede por otro lado en casi todo el mundo desarrollado, también en España) en su vida y sus desplazamientos. En el caso de Chaudhary, él mismo viaja con Obama más o menos en dos tercios de los viajes, y tiene un equipo que graba prácticamente todo: desde una conversación informal hasta algo de la vida familiar, etc.

Su papel es medio de propagandista medio de historiador, porque esas imágenes quedarán para la Historia. De momento, las que se distribuyen a los medios tienen que pasar el filtro del departamento de prensa, que selecciona las que sonsidera más interesantes para la causa, claro está.

(Post cortesía de mi colega Alejandro Romero, director del área latinoamericana de Llorente & Cuenca. Gracias, Alex).

Los “independientes”, ectoplasma político

Jueves, 18 de noviembre de 2010

Ectoplasma (Diccionario de la Real Academia)

1. m. Supuesta emanación material de un médium, con la que se dice que se forman apariencias de fragmentos orgánicos, seres vivos o cosas.
 

En un corto y punzante artículo de James Vega, en la muy recomendable web http://www.thedemocraticstrategist.org se nos explica quiénes son esos “independientes” de los que tanto se habla, el supuesto “centro”, los supuestos “indecisos”: puro ectoplasma que se supone que es un movimiento de masas, pero que ni tiene masa ni tiene movimiento.

El autor, un brillante analista demócrata estadounidense explica que esa masa supuestamente sólida que ahora parece ser mayoría en las encuestas, que no se alinea con los demócratas ni con los republicanos, en realidad esconde a muchos republicanos y muchos demócratas que han resultado desencantados con los resultados de la Administración Obama y con la oposición republicana. Se comportan, demuestra el autor con datos, como unos o como otros, pero ahora están desmovilizados.

Lo mismo pasa en todo el mundo: no es un abandono de las ideologías conservadora o progresista clásica, sino una decepción con su aplicación por los representantes políticos.

Por cierto, eso es perfectamente coherente con lo que se señala en el artículo “Governing without a net(Gobernando sin red)”, en Newsweek, cuando explica que el abandono de muchos ciudadanos de las redes de Obama y su gente en Internet se ha producido por la desafección que ha producido ver que las promesas de gobernar con la gente no se han visto cumplidas.

“En la web www.change.org, la gente podía votar en 2008 lo que quería que él (Obama) hiciera; la idea más votada fue “Cerrar la prisión de Guantánamo”. Eso no ha ocurrido. Tampoco ha terminado con el “don’t ask, don’t tell (el término coloquial que explica la política de no preguntar la orientación sexual de los soldados para no asumir que muchos son o pueden ser gays), o la legalización de la marihuana, o el apoyo al matrimonio homosexual – los asuntos por los que la gente en la red estaba interesada.”

No es el fin de las ideologías: es un equivocado pragmatismo el que aleja a la gente de la ilusión por apoyar a líderes que en un principio parecían emocionantes y visionarios (puro Zapatero, por cierto).